El voto útil y su interés público

Jesús Rodríguez Hernández

En las anteriores colaboraciones hemos estado insistiendo e invitando a sufragar el próximo 6 de junio con el voto útil, razonado, consciente y eficiente.

Cada vez más personas se interesan en el tema, porque está claro que para lograr esto se requiere la participación de la mayoría, porque el gobierno es para todos. La participación ciudadana revitalizará el sistema democrático que necesita México, un sistema renovado, con la aceptación del pluralismo, la diversidad; tolerancia y diálogo, respeto y responsabilidad institucional. 

Esta participación, tiene que ir más allá de la coyuntura electoral y que se vuelva una exigencia permanente y motivación para participar. Esto sólo se logra manteniendo las instituciones e impulsando una participación eficaz, solo así se conseguirá que la ciudadanía confíe en la acción de gobierno y colabore con ella.

Lo anterior es una de las premisas por las que el ciudadano emite su voto: para tener un gobierno que se interese en el bienestar general. En los próximos comicios, el ciudadano otorgará, probablemente, su voto útil a las y los candidatos que tengan más posibilidades de ganar.

Las elecciones de este año, a decir de los expertos, tienen un nivel muy bajo de credibilidad, con participantes tratando de entender las aplicaciones digitales, sin propuestas y con una pandemia que exige el cambio de la manera en que se hacían las campañas y la forma de comunicarse con el votante.

Ante este panorama, el candidato receptor del voto útil debe entender que este voto espera una representación efectiva para lograr mantener y aumentar lo construido por la comunidad, sus instituciones y sus gobiernos.

El sufragista no otorgará el voto por la propuesta o por el partido o color que abandera, lo concederá porque es el candidato que tiene más oportunidad de ganar y el elector quiere una Cámara integrada por legisladores que lo representen y que no vote porque “la bancada” así lo exige.

El ciudadano aspira a un gobierno que dé resultados de intereses compartidos y coincidentes de un grupo mayoritario de individuos con un contenido concreto y determinable, actual, eventual o potencial, personal y directo respecto de ellos, que pueden reconocer en él su propio querer y su propia valoración, prevaleciendo sobre los intereses individuales que se le opongan o lo afecten, a los que desplaza o sustituye, sin aniquilarlos.

Los ciudadanos con su acción cotidiana y permanente deberán exigir al candidato receptor del voto útil que se revisen y se reforme el actuar de los poderes públicos y sus instituciones autónomas para fortalecerlas y lograr que cumplan cabalmente sus funciones. 

Todo lo anterior para lograr, entre otras cosas, un gobierno eficiente, que garantice la provisión de los bienes públicos esenciales; que respete a la oposición y preserve los equilibrios institucionales y la autonomía de los poderes del Estado y de los organismos autónomos. Que el representante electo sea un leal dialogante con las autoridades locales; que favorezca la trasparencia y responda ante los ciudadanos, rinda cuenta de su gestión, asuma sus responsabilidades y dé la cara y resultados en los momentos de crisis.

La composición del Congreso será transcendental. Hasta ahora el Congreso, en el que tiene mayoría el partido del Presidente, ha sido usado para implementar una errónea política que ha llevado a que México sea uno de los países del mundo con menor gasto público durante la pandemia, lo que ha tenido consecuencias devastadoras para los mexicanos con menos posibilidades económicas.

El voto útil debe reflejar en el receptor de éste, esa efectividad que se está demandando. La democracia en México no es fácil, el ciudadano tomará una decisión entre varios candidatos no tan buenos. Aun así, debemos hacer lo que nos toca: tomar decisiones difíciles y votar. Ejercer el voto útil y efectivo.  

Expresidente municipal de Querétaro y exlegislador

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