El tucán morenista y la cuarta restauración

El viejo presidencialismo va, y si bien no es idéntico al del PRI, sí es muy parecido.
10/09/2018
03:47
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Cuando el martes se anunció que se había rechazado la licencia de Manuel Velasco, muchos celebraron los vientos del cambio en el Senado. La Cuarta Transformación estaba en marcha. De pronto vino el cambio de viento, para revivir viejas prácticas que los obradoristas condenaron en los partidos de la mafia. Dijeron que los cinco diputados verdes ahora en Morena no fueron moneda de cambio por la licencia a Velasco. Pero dado el origen priísta de unos y otros, sus palabras no resultan creíbles en absoluto. En cambio, López Obrador prefirió callar y negar a pregunta expresa.

El viejo presidencialismo va, y si bien no es idéntico al del PRI, sí es muy parecido. Está la alianza con el Partido Verde, ése que todos los partidos opositores en 2015 (Morena incluido) exigían se le retirara el registro por violación sistemática y recurrente de la ley, pero que un INE blando dejó pasar. Mas no debe sorprender dicha alianza; Morena ha aceptado diversas figuras impresentables de todos los partidos, vinculados a todo aquello que se condena: neoliberalismo, Fobaproa, Pacto por México, PRIANRD, etc. El Verde ya le dio mayoría absoluta en la Cámara Baja; un “pacto barato”, dijeron los verdes. Morena adquiere un partido satélite, como el PRI tuvo los suyos en sus buenos tiempos.

Asimismo, hay en la licencia a Velasco una posible violación constitucional. El artículo 116 impide que un exgobernador pueda regresar a ese cargo bajo ninguna modalidad. Si se cambió la Constitución de Chiapas para ese propósito, la Federal lo prohíbe. Está sujeto a interpretación, además, el artículo 125 que dice: “Ningún individuo podrá desempeñar a la vez dos cargos… de elección popular (federales o no)… pero el nombrado puede elegir entre ambos el que quiere desempeñar”. La palabra “desempeñar” se podría interpretar como “ostentar” (en cuyo caso estaría prohibido ser senador con licencia y al mismo tiempo gobernador interino de sí mismo), o bien como “ejercer”, en cuyo caso sí se puede ser senador con licencia y gobernador en funciones. Caben las dos interpretaciones, pero en este caso, la ventaja tramposa o abusiva de Velasco fue avalada por el partido que se presenta como distinto a los demás por su congruencia ética, por constituir un “referente moral” (sin la cual, decía AMLO, no valdría la pena fundarlo), por ofrecer un “cambio verdadero” que por ahora parece más bien un cambio de siglas. En todo caso, el nieto del PRI aprendió bien las mañas y trapacerías de su abuelo.

 

 

 

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