El troll y la libertad de expresión

Carlos de los Cobos

“No comparto tus ideas, pero moriría por defender tu derecho a expresarlas.” Voltaire

La palabra troll o trol en la jerga del internet se refiere a personas que ocultan su identidad y que atacan sistemáticamente a las instituciones, funcionarios o personas, lo realizan con información falsa con el fin de provocar discusiones, contradicciones, discursos de odio, así como difamaciones y calumnias por consigna política o social. Dicha palabra tiene su antecedente más remoto en el nórdico antiguo y significa: “monstruo mitológico”.

En Querétaro existen algunos trolles de todo tipo, y son perfectamente identificados en persona y en la red; varios de ellos con quiénes he conversado, cínicamente, aceptan que obedecen a dinero e intereses políticos, como aquel que remite a un personaje de la literatura universal, ridiculizando una excelsa obra, por la manera en que se expresa.

Ante este tipo de circunstancias, la respuesta me la dio el Dr. Pedro Salazar del IIJ – UNAM, ciertamente, la internet y las redes sociales son un mecanismo que permite expresarnos libremente y con resultados sorprendentes, pues sirven de denuncia y han propiciado revoluciones sociales en otros países, así como provocado que dictadores y regímenes autoritarios de izquierda o derecha se vean afectados en sus intereses.

Coincido con él, no se debe regular el internet, pero debemos tener cuidado con los trolles algún precio hay que pagar. De todos es conocido un curioso troll que vive aún que está en los viejos tiempos universitarios porriles que quedaron muy atrás y no concibe la alternancia, la tolerancia y la forma de ser diferente de los demás.

Sin embargo, la discusión debe ser llevada a un plano de profundidad: ¿Qué tanto abonan los trolles a las democracias? ¿En uso de la libertad de expresión pueden insultar y calumniar personas? ¿Debemos analizar al troll bajo el canon de veracidad o de proporcionalidad? Esto es, preguntarnos qué tanto abona a la construcción democrática las afirmaciones dogmáticas y sistemáticas, así como falsas de este tipo de personajes.

Soy un convencido de la Libertad de Expresión, así lo he escrito y me he pronunciado en diversos foros; Estoy formado en la generación de la irrestricta protección a la libertad de expresión por ser un derecho fundamental, el cual en el contexto político debe ser maximizado. Aunque debemos considerar que el derecho al insulto, como el que efectúan los trolles, tanto los Tribunales Constitucionales de España y México se han decantado por prohibirlo.

En efecto, en materia político – electoral y respecto de los funcionarios públicos, su umbral de protección es más bajo y podemos tolerar que se afirmen situaciones más complejas que en términos ordinarios no avalaría la sociedad, así lo ha resuelto el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en diversas sentencias y tesis jurisprudenciales.

No olvidemos que la libertad de expresión es una libertad preferida y que frente al derecho del honor, debe privar aquella, en condiciones de normalidad.

Ciertamente, Benjamín Temkin de FLACSO, México afirmó que “si nos hemos de equivocar nos equivoquemos a favor de la Libertad de Expresión”. No obstante, si el honor de la persona se ve mancillado por un ataque infundado de un troll de dudosa procedencia y con mentiras, ¿cómo actuar? ¿Qué procede jurídicamente? ¿o simplemente ignorar?

Los flujos de información no deben detenerse, pero tampoco, estimo debe permitirse el ataque sistemático a las instituciones y mucho menos, en un ejercicio de proporcionalidad, dudo que la calumnia, la diatriba y la falsedad de la información coadyuve a la democracia, pues como afirma el Dr. Rodolfo L. Vigo, “donde todo vale, nada vale”.

Así, desde mi punto de vista, las opiniones y la crítica deben ser bienvenidas, pero en un clima de respeto y tolerancia. El arte de gobernar es complejo y las opiniones son distintas y se analizan conforme a ideologías o preferencias partidistas, lo que es inaceptable entonces, es la construcción de un discurso antidemocrático que abone a mancillar al contrario y aniquilarlo, creo que el curiosillo Troll leyó equivocadamente a Maquiavelo.

Un troll local no sólo es cobarde y mentiroso, amén de bajar el nivel de la discusión política que se requiere para consolidar una democracia, pues de poco sirve aventar la piedra y esconder la mano. Finalmente, debemos recordar los grandes casos de los Tribunales Constitucionales del mundo en los que si bien se considera a la libertad de expresión como una libertad preferida, existe un límite: la dignidad de la persona.

Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana y especialista en justicia constitucional

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