El tipo más raro del cine: Lars Von Trier

Juan Manuel Badillo

El tipo más raro del cine se llama Lars Von Trier (Copenhague, 1965) y hasta la fecha nadie sabe con certeza si el cineasta danés es un genio o un charlatán.

El director fue el padrino del XVII Festival Internacional de Cine de Guanajuato, con un video de escasos segundos, donde apareció vistiendo una camiseta con la frase emblemática del festival: “Giff: Más cine por favor” y ondeando una banderita de México.

El extraño mensaje fue transmitido el miércoles pasado en el auditorio del estado de Guanajuato lleno de invitados y entre rechiflas. La mitad de los presentes festejó como una ocurrencia y la otra mitad lo tomó como una mala broma.

Era una banderita como las que venden en los desfiles del 15 de septiembre y él cineasta parecía un paciente de siquiátrico, ondeando una banderita, con la mirada perdida, como si no supiera que sucedía a su alrededor.

Lars Von Trier mantiene un voto de silencio ante los medios de comunicación, luego de haber sido declarado como “persona non grata” en el Festival de Cine de Cannes, Francia, en mayo del 2011, por haber dicho que Adolf Hitler fue “un tipo simpático”, que estaba contra la Segunda Guerra Mundial y a favor de los judíos, “pero no tanto”. 

El cineasta aclaró posteriormente que había sido un idiota y que la gente no tenía el menor sentido del humor y luego guardó silencio frente a las cámaras.  

El danés fue invitado a Guanajuato, como es invitado a muchos otros festivales. También lo quisieron llevar al Festival Internacional de Cine en Guadalajara el año pasado, pero todos han fracasado hasta el momento.

Se sabe que el director no se sube a los aviones porque odia las alturas, no viaje en tren porque odia los túneles y nos visita festivales porque odia a la humanidad entera. 

De hecho, es de conocimiento público que este hombre no viaja y cuando lo hace sólo es en coche o caminando y en esos casos por lo regular no llega muy lejos. 

También se sabe que  Lars von Trier no pierde oportunidad para escandalizar y casi siempre lo logra.

Sorprendió desde el inicio de su carrera, cuando en los años 90 propuso, él y algunos de sus amigos, hacer cine de bajo presupuesto, con cámara siempre al hombro y en movimiento,  sin decorados, en escenarios naturales y con gente común actuando.

Se le llamó la corriente Dogma 95 (por lo del año de su nacimiento) y cineasta de todo el mundo se han dedicado a replicar la idea, entre ellos algunos mexicanos.

Pero eso no es todo. Se sabe que Lar Von Trier filma sin guión, que sus estudios son unos bodegones a los que nadie tiene acceso, que sus actores nunca saben con antelación lo que van a hacer ni decir.

Su más reciente provocación se titula Nymphomaniac, y el primer chasco que se lleva la gente es que no es una película pornográfica, que se habla mucho de filosofía y sicoanálisis y poco de sexo, y que las escenas de cama no son no tan explícitas ni tan escandalosas.

Es una película de poco más de seis horas, dividida en dos por efectos de exhibición, no porque él la haya filmado de esa manera, y que toda la trama se define en uno de los diálogos de su actriz principal, la francesa Charlotte Gainsbourg, cuando afirma, con orgullo: “Soy ninfomaníaca y amo mi sexo”. 

La directora del GIFF, Sara Hoch, conocida en el Bajío como “La Gringa del cine”, al ver que no iba poder seducir al danés con las momias de Guanajuato, y presentando sus películas en un cementerio, como ha sucedido con todos sus invitados, le envió varias cosas para qué el decidiera con qué quería saludare a los mexicanos desde sus lejano terruño.

Se sabe que envió un frasquito de mole, una camiseta de su festival y la mentada banderita, entre otras cosas. 

Mejor hubieran sido enviar una fotografía del PJG, tres boletos del metro de los caros, de a 5 pesos cada uno, una copia de la telenovela La Gaviota, y una versión grabada en el Estadio Azteca de “¡Heeeeeee Putoooooo!” y seguro que el danés se hubiera anima un poco más.

FIN 

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