El sentido de la vida

Patricia Olavarrieta Del Rivero

Me atrevería a decir que la gente común, y no lo digo en sentido peyorativo si no refiriéndome a la mayoría de personas que rodean mi día a día, no tienen claro a qué vinieron a esta vida y muchos otros se mueren sin saberlo y a otros más ni siquiera les importa. Pero a todos se nos ha dicho, en alguna clase de catecismo, en alguna plática familiar o en alguna clase escolar, que todos, estamos aquí por algo, que tenemos un propósito y al menos yo, hasta ahora, voy entendiendo el significado de tener un propósito.

Cuando vas avanzando y descubriendo los porqués de tus circunstancias, haciendo consciente el cómo eras y  como eres, todo cobra sentido, ¡tú vida cobra sentido! en lugar de ir contracorriente, luchando con las situaciones que te han tocado vivir, empiezas a comprender el aprendizaje que la misma vida te está ofreciendo y te dejas ir, aceptando y disfrutando; sí, y en muchas de las ocasiones, es doloroso, pero ¿y de qué se aprende más?, ¿de lo fácil o lo difícil?, ¿de lo que te ha costado más trabajo o de lo que te ha sido más sencillo de obtener?.

Deduzco, que aquello que se da por añadidura, que obtenemos apenas estirando la mano, debemos de valorarlo, disfrutarlo porque sólo durará un momento, no será permanente y que todas ésa cosas o situaciones placenteras, tienen su temporalidad pero lo que verdaderamente permanecerá por siempre en nosotros, es lo que aprendemos y lo que adquirimos como conocimiento, lo que nos acompaña porque en eso nos hemos convertido, porque todas aquellas experiencias que nos han marcado, son realmente las que nos construyen y llegará el día quizá, si logras transformarte y entender, en donde podrás observar la gran obra que eres.

Vida, ¡hay siempre! Solo que no la vemos, ella nos acompaña, pero nos aferramos a ponerle atención al tiempo y ése, es relativo. Nunca será demasiado tarde para volver empezar, ni nunca será demasiado pronto. Tu momento llega, pero hay que aprender a sentirlo, olerlo, observarlo. Mientras tanto, déjate llevar, no te aferres a nada. Sé bondadoso contigo primero, para poder serlo con los demás. Seguramente, por añadidura, recibirás todo lo bueno que hay para ti.

 

Sonríe, siempre sonríe, no lo olvides, una sonrisa alimenta tu alma y la de los demás.

Sé feliz, pero de verdad, ¡selo!

*Mujer emprendedora, fabricante de sueños, amante de la vida.

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