El relevo en el PRI y las decisiones por venir

Arturo Maximiliano García

Los números no pintan un escenario halagador para el partido en el gobierno.

Finalmente los rumores se convirtieron en acciones. Entre especulaciones de ajustes en la campaña presidencial del PRI, donde se habló del equipo compacto, de la dirigencia del partido e incluso del mismo candidato, el hilo se rompió por lo más débil: la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional. Ante la llegada de René Juárez a la presidencia tricolor, éste deberá hacerse tres preguntas sencillas pero muy complejas a la vez: ¿qué? ¿cómo? ¿para qué? De las respuestas dependerá el futuro del PRI, en un escenario que hoy pareciera catastrófico.

Aún existen aquellos que, con un importante grado de necedad, insisten que el candidato priísta José Antonio Meade se encuentra en segundo lugar de la contienda o cerca de él; quienes lo afirman y trabajan bajo esa premisa dañan la propia campaña afectando la estrategia para hacer el último esfuerzo por sacar adelante a Meade o para rescatar lo que aún fuera viable ganar en algunos estados de la República.

Los números no pintan un escenario halagador para el partido en el gobierno. Poco se recapacita sobre la diferencia en los porcentajes que marcan las encuestas en términos de votos. De tomar el promedio de las diferentes encuestas, la diferencia entre Meade y Anaya sería de 10 puntos, por lo que estaríamos hablando de aproximadamente unos seis millones de votos, y entre Meade y López Obrador sería de 12 millones, pensando en 20 puntos porcentuales de distancia. Remontar requeriría un evento extraordinario de tal magnitud que moviera millones de votos prácticamente de un día para otro a favor del candidato oficial.

Pareciera que el PRI debería tener entre sus alternativas la de a quién de sus contrincantes apoyar para llegar a la Presidencia, y, en su caso, cómo hacer que esto no implique que la representación del PRI en el Congreso se vaya a los niveles más bajos de su historia, volviéndose muy barato para aquél con el que pacten el no cumplir con los acuerdos una vez ganada la elección de julio próximo.

Si el PRI y el gobierno se definen a apoyar a López Obrador, los contenidos de los spots tendrían que modificarse, ya que parece que la disyuntiva de miedo o Meade no está llevando votos al candidato del PRI, por no ser éste la opción de los electores a quien pudiera espantar AMLO. Un sector interesante de la población sí cree en votar por el que vaya en segundo lugar como una manera de evitar que gane AMLO, siendo Anaya quien ha logrado posicionarse claramente en ese lugar y enviar un mensaje constante y creíble llamando al voto útil. Asustar a los electores sobre Andrés Manuel está llevando votos al Frente por México, no el PRI, por lo que el tricolor deberá decidir si ésa es su estrategia o empieza a replantear sus mensajes.

Si la decisión del PRI se inclinara por Anaya, entonces se entendería la razón por la que Meade siguiera siendo el golpeador racional e inteligente contra AMLO, pero tratando de no perder todo en ese lance, particularmente las diputaciones federales y los escaños en el Senado que todavía puedan rescatarse, evitando la más baja representación que el PRI haya tenido en ambas cámaras, esto aunado al menor número de gobernadores priístas en la historia de México.

Para el PRI la pregunta de qué hacer tiene, en principio, dos respuestas: aliarse con Anaya o con AMLO; el cómo hacerlo debe partir de una estrategia clara tanto en el discurso, el debate y los spots que le permitan al PRI operar cualquiera de las opciones anteriores.

Finalmente será fundamental saber para qué, entendiendo que la respuesta podría ser garantizar la sobrevivencia política del PRI buscando garantías para que sí se respeten los acuerdos. Habría, quizá, una ultima opción, aún abandonando la idea de que Meade pudiera ganar: valorar ir con él hasta el final para ver si eso rinde más dividendos electorales en distritos y estados que una declinación o adición de facto con alguno de los de enfrente, con una sola meta, meter el mayor número de representantes en el Congreso.

Preguntas sencillas pero cuyas respuestas serán determinantes para el futuro del PRI, que a su llegada al poder en 2012 parecía que no lo dejaría por décadas; sin embargo, pareciera inevitable la entrega del gobierno el 1 de diciembre.

Abogado con maestría en Políticas Públicas.

@maximilianogp

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