Debates

El recuento de los daños, digo, de los debates

Gisela Méndez

Si más del 50% de la comunicación es no verbal, que alguien explique la falta de congruencia en la imagen de los candidatos. ¿O la máscara que se crean es tan pesada?

Si más del 50% de la comunicación es no verbal, que alguien explique la falta de congruencia en la imagen de los candidatos. ¿O la máscara que se crean es tan pesada?

Los debates. El primero lo defino como “la presentación”: prevaleció la lucha por ser el más gallito. El segundo debate permitía moverse, mostrar seguridad, cosa que sólo algunos aprovecharon. No hay mucho que decir del aburrido tercer debate. Nuevamente faltaron propuestas, continuaron los ataques y la medición del tiempo fue absurda.

Los susodichos. AMLO. Un personaje creado le ha dado frutos. Mal o bien, ha dejado huella. Sin embargo, en el primer debate este ritmo agotador y trillado le dio un semblante frágil. La territorialidad del segundo debate fue una gran oportunidad, pero no lo aprovechó.

Meade. Al primer debate llegó inseguro en su discurso. Esto se despejó en los siguientes debates, donde sacó provecho con su aspecto de maestro dando cátedra. Tomaba el micrófono con suavidad, con manos abiertas y con tono monástico que le hizo ganar algunos puntos.

Anaya. Ágil, se dedicó a trabajar en una elocuencia perfecta que, para el segundo y tercer debate, se encontraba tan estudiada que perdió espontaneidad y sucumbió en un juego demasiado retórico: lucía tenso con esa sonrisa muy trabajada. Durante el segundo debate supo usar su territorialidad, acercarse a la gente. No obstante, para el tercer debate su misma seguridad se tornó en su más feroz contrincante. Sí: el peor enemigo de Anaya es él mismo.

El Bronco. En el primer debate llenó de desasosiego. Su presentación fue una montaña rusa. Iniciar con un storytelling durísimo le dio firmeza en el primer debate. Sin embargo, en el segundo su disolvencia no verbal se percibió más que nunca… Lleno de analogías y dichos, mantuvo su postura retadora, pero nos dejó ver a un Bronco necio y prepotente.

Zavala. Tristemente, no deseo siquiera hablar de ella. Su primer y único debate fue su peor pesadilla. Intranquila e inconstante en sus movimientos y en sus palabras —el timbre de su voz denotaba su nerviosismo—. Mostrar tres cuartos de su cuerpo al dar su mensaje la hizo lucir sobreactuada, poco creíble y cero natural.

¿Hasta cuándo veremos un debate auténtico con candidatos reales, sin tanta pose y con más efectividad?

Experta en imagen.

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