“El que se casó no fui yo”

Juan José Arreola

La señal que mandó César Yáñez, con la promoción de su enlace matrimonial, fue la del alarde de poderío económico, alejado, por completo, de la austeridad pregonada.

Así respondió, a los reporteros, el presidente electo de nuestro país, Andrés Manuel López Obrador, cuando éstos le solicitaron su opinión sobre la boda y la fiesta para celebrar la misma de su más cercano colaborador, César Yáñez Centeno con Dulce María Silva.

El acontecimiento social se convirtió en un escándalo mediático debido a que fue la contraposición de su visión política, la esgrimida desde la campaña electoral por el mismo López Obrador y su equipo, de prometer un gobierno —con todo e integrantes— austero y honesto. La señal que mandó César Yáñez, con la promoción de su enlace matrimonial, fue la del alarde de poderío económico, alejado, por completo, de la austeridad pregonada.

Se contraponen porque, independientemente de que el dinero gastado en la misma no es recurso público sino fortuna propia, la ostentación del poderío económico sí choca con el discurso ético que ha pregonado el presidente electo de México.

Difusión pagada

El meollo del asunto, desde mi punto de vista, no es, como digo, el gasto que realizaron para la celebración matrimonial y su respectiva fiesta. El escándalo podría radicar en el hecho —no comprobado aunque sumamente posible— de que, de manera consciente y premeditada, el brazo derecho de Andrés Manuel hubiera mandado comprar la portada de la revista ¡Hola! y 15 de sus páginas para narrar el acontecimiento.

La posibilidad existe si nos enfocamos en comprender el perfil de dicha revista semanal, que publica acontecimientos vinculados con las luminarias (artistas), con las famosas y famosos millonarios, los integrantes de la realeza mundial, diseñadores, modistas, joyeros…

“La Reina Letizia de España recicla vestido en su primer duelo de estilo con Brigitte Macron”, “¿Qué podemos esperar de la próxima gira de los duques de Sussex?”, “¿Es natural el bronceado de Roberto Palazuelos?” y “Joyas espectaculares para todos los días, es posible” son las cabezas de algunas de las notas que publica este medio de comunicación.

Como se puede deducir, salir en alguna de sus ediciones es un asunto de estatus, un asunto aspiracional de ser considerado celebridad o de tener un estilo de vida diferente al que tiene la mayoría… y presumirlo.

Salir en ¡Hola! es símbolo de ser famoso, de tener un nivel alto de calidad de vida, mayor solvencia económica y de fama.

Si, como atrevemos la hipótesis, la publicación de la boda fue inserción pagada, entonces debemos entender que Yáñez Centeno quiere formar parte de esta élite privilegiada económica y socialmente.

Es entendible, en consecuencia, que Andrés Manuel López Obrador quiera deslindarse de esta acción y todo lo que significa, pues claramente se contrapone a su ideario de gobierno. Por eso, cual niño regañado injustamente, dijo a los reporteros que él no rompió el jarrón, que fue César el que hizo la travesura. Que regañen al que se casó, no a él.

Daño colateral

En términos políticos, el acontecimiento afecta la imagen del gobierno que está por iniciar el primer día de diciembre, pues cuestiona su calidad moral, su responsabilidad social y el control general entre sus principales integrantes.

Al responder como lo hizo, López Obrador mostró que no tenía argumentos para explicar lo inexplicable, que no quiso asumir la responsabilidad y poner remedio a este comportamiento y, a final de cuentas, que, como cabeza de un proyecto político que presume ser el artífice de la cuarta transformación mexicana, no cuenta con herramientas para hacer prevalecer entre sus colaboradores la tan cacareada calidad moral del nuevo gobierno.

Ni es asunto intrascendental ni es una tragedia. Me parece que sí conforma en un llamado de atención para el próximo gobierno. Si quiere ser diferente a sus antecesores y no involucrarse en frivolidades mediáticas, debe procurar que ya no haya más de estos escándalos, so pena de que no nos quede más remedio que pensar que siguen siendo igual a los que criticaron tanto y descalificaron con el mote de “la mafia del poder”.

 

 

 

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