El peor enemigo de un mexicano es...

Danaý Martinez

El deporte siempre logra las cosas más increíbles que un ser humano pueda experimentar a través de los logros y a través de las derrotas, el resultado no importa, importa la historia que hay detrás.

Hace unos días, German Madrazo dio cátedra de lo que a veces se olvida, dio enseñanza de lo que es el olimpismo. Germán, a quien también le gusta la fotografía, logró una imagen para la eternidad y sin traer una cámara. Al cruzar la meta con una gran sonrisa, la bandera de México en alto, con los pies llenos de cansancio y el cuerpo acalambrado, fue recibido por los otros esquiadores con quienes compartió la travesía de llegar a PyeonChang, inclusive por el campeón olímpico.

La imagen recorrió todos los países, donde fue reconocido por atletas, periodistas y autoridades. En México fue motivo de una doble opinión, estuvieron quienes felicitaron y reconocieron el esfuerzo del nacido y crecido en Querétaro, y hubo quienes lo juzgaron por no haber ganado una medalla, argumentaron que México era un país mediocre porque siempre se alaban las buenas intenciones y no los resultados.
Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos de la era moderna dijo: “Lo más importante del deporte no es ganar, sino participar, porque lo esencial en la vida no es el éxito, sino esforzarse por conseguirlo”.

Llegar como mexicano o latinoamericano a unos Juegos Olímpicos de Invierno es un gran logro, el ecosistema de esos países no tiene las condiciones para realizar alguno de los deportes que forman parte del programa olímpico.

Germán Madrazo, con sus recursos, a sus 43 años y en un sólo año logró lo imposible. En un país donde ya no se nos permite soñar, debido a tantos golpes económicos y sociales, donde nuestros gobernantes se llevan la mejor parte del pastel y el país cada vez se hunde más, Germán regresó un poco de esperanza a esta sociedad tan golpeada.

El deporte siempre logra las cosas más increíbles que un ser humano pueda experimentar a través de los logros y a través de las derrotas, el resultado no importa, importa la historia que hay detrás.

Germán cruzó la meta de unos Juegos Olímpicos a sus 43 años, en un país muy lejano al suyo, aquellos que lo juzgan ¿dónde están? ¿Qué han hecho por cumplir sus sueños? ¿Qué han hecho por inspirar a otros?
Gracias Germán por ponernos la piel chinita y por darnos una valiosa lección, entraste en la historia y eso nadie te lo puede quitar.

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