El país de las incongruencias

Danaý Martinez

¡Qué felicidad!, tenemos por primera vez en nuestro país una Liga profesional de futbol donde exclusivamente juegan las mujeres

¡Qué felicidad!, tenemos por primera vez en nuestro país una Liga profesional de futbol donde exclusivamente juegan las mujeres. Fue lo que todos pensamos cuando arrancó el Apertura 2017, y es a lo que nos seguimos aferrando desde entonces.

No mientan más, las mujeres no tenemos las mismas oportunidades que los hombres al hablar de forma profesional, social, económica, académica y en que se les ocurra; vamos, hasta para ir al baño ellos tienen ventaja.

Entiendo perfectamente que faltan muchas cosas por mejorar, que es cuestión de marcas, publicidad, demanda de afición y todo eso que hace del futbol un gran negocio; entiendo que falta todo eso para que una jugadora gane más que alguien que realiza prácticas profesionales.

Lo que me parece descabellado es la estupidez de gastar el dinero que podría distribuirse de diferente forma. Mira que pagar 500 mil pesos semanales a un jugador que ha estado ausente en las canchas, contra mil 500 pesos mensuales que gana una jugadora que ha tenido que hacer de todo en la vida, menos su pasión que es jugar futbol, y cuando por fin llega esa oportunidad, no puede vivir de ello.

No me malentiendan, no quiero igualdad entre hombres y mujeres, jamás pasará eso, porque no lo somos ni física, ni mentalmente. Pero ambos somos personas con la capacidad de hacer cualquier cosa que nos propongamos, hay que darle el valor al trabajo y no a la imagen, hay que darle oportunidad a lo nuevo y no a las ideas retrogradas.

No se puede generalizar, pero a como yo lo veo: la mujer futbolista debe entrenar, estudiar, y tratar de lucir lo más femenina en la cancha aunque el cabello lleno de sudor le pique los ojos, debe verse bien con el uniforme y ser una damita; mientras el hombre futbolista muchas veces ni la secundaria terminó, no importa que se les vea en clubes nocturnos cuando se supone que son deportistas de alto rendimiento, y si tienen privilegios ni a los entrenamientos aparecen, a ellos ya se les olvidó lo que es correr detrás del balón porque lo aman, y sobre todo, correr detrás del balón para comer.

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