25 / septiembre / 2021 | 03:49 hrs.

El mal humor en Palacio

Roberto Rock L.

Que el presidente López Obrador se muestre de mal humor ante su círculo cercano por el resultado de las elecciones en la Ciudad de México no debe suponer una sorpresa para nadie. Es su frustración ante errores y posibles traiciones internas lo que ha enrarecido el aire en Palacio y quitado el sueño a más de un personaje de primer nivel dentro de la llamada cuartatransformación.

 El líder de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, salió ayer a descubierto para alegar en conferencia de prensa que, contra lo que se ha argumentado profusamente, él no influyó en el triunfo de Sandra Cuevas, candidata opositora en la delegación Cuauhtémoc, corazón político de la metrópoli y asiento de grupos de presión que alimentaron a la izquierda desde su llegada al poder en 1997. 

La sombría atmósfera en Palacio no hará sino agudizarse mañana miércoles, cuando, si no hay cambios de última hora, la jefa del Gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, presente el dictamen ordenado por su administración sobre el derrumbe en la Línea 12 del Metro de la ciudad, ocurrido el pasado 3 de mayo. Un informe que al parecer ya no guardará ninguna novedad. 

El propio Presidente ha dado por un hecho que contenidos centrales de ese dictamen fueron filtrados a los medios y configuraron el ya famoso reportaje del diario The New York Times, el cual incluyó fotografías de la estructura colapsada presumiblemente extraídas de las carpetas de peritos oficiales.

Asimismo, los reporteros de ese periódico —sin duda, el más influyente del mundo— citaron informes de trabajos realizados tras el cierre parcial de la línea —entre marzo de 2014 y noviembre de 2015— cuyo acceso fue reservado —prohibido— por el gobierno de Miguel Ángel Mancera, de tal suerte que sólo pudieron ser proporcionados por anteriores o actuales funcionarios.

Da manera inevitable, el reporte que presente la señora Sheinbaum deberá ser contrastado con peritajes disponibles desde hace semanas sobre los mismos hechos, y muchos otros acumulados a lo largo de años. Será deseable que el informe encomendado por la ciudad a una compañía escandinava sea sometido al escrutinio público en forma íntegra, como resultaría obligado en un tema de esta gravedad, cuya explicación no puede quedar reducido a una hoja de papel.

En el ánimo de López Obrador debe pesar una historia que se redujo a un discreto coloquio sostenido con Mancera cuando éste era gobernante capitalino, pocas semanas antes de las elecciones de 2015. El hoy presidente pidió al hoy senador no violentar los comicios, y concluir las persecuciones ilegales contra su equipo. 

Mancera apostaba a descarrilar al naciente Morena, en presumible alianza con el gobierno Peña Nieto. Una de sus balas de plata pretendía ser un profundo peritaje sobre la Línea 12 encomendado a la empresa “Systra”, una compañía presente en casi 80 países. Según fuente consultadas, se pagó por ello cerca de 600 millones de pesos. El trabajo tomó más de seis meses, y en el verano de 2014 derivó en un documento de 160 páginas, copia del cual obra en poder de este espacio. El mismo reporta múltiples deficiencias, en el drenaje y muchos aspectos más, pero concluye que la línea no estaba en peligro ni requería reparaciones mayores.

Vinieron esas elecciones de 2015. El resultado para Mancera fue desastroso. Había sido vencido. Semanas después, tras un acuerdo personalísimo con López Obrador, retiró de sus puestos a los dos principales operadores señalados por el tabasqueño: Héctor Serrano, secretario de Gobierno, y Joel Ortega, director del Metro.

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