“El Lazca”, más dudas que certezas

Alfonso Zárate

Los hechos de las últimas semanas en Coahuila podrían constituir el epitafio de la “guerra santa” que emprendió el presidente Felipe Calderón desde el arranque de su gestión: descontrol en anchos territorios, desaseo en el manejo de los operativos, descoordinación institucional derivada de la desconfianza mutua, “palos de ciego” y, como corolario, los saldos lastimosos en lo que verdaderamente le importa a la sociedad.

Hoy, casi seis años después de iniciada la estrategia gubernamental contra la delincuencia, son mayores los territorios controlados por criminales, más los homicidios culposos, los secuestros y las extorsiones, mayores los casos de violaciones a los derechos humanos y muchos más los mexicanos que viven con miedo.

La impunidad alcanza niveles inadmisibles. Ni siquiera en los casos de alto impacto, como el michoacanazo o los recientes hechos de Tres Marías, la PGR da resultados. Para agravar las cosas, en las raras ocasiones en que los detenidos son consignados ante un juez, el juzgador los deja libres. Momentáneamente, el punto focal de atención en materia de seguridad apunta a Coahuila: enfrentamientos en las calles, fuga de 131 reos en el penal de Piedras Negras, homicidio del hijo mayor de Humberto Moreira… Pero es el supuesto abatimiento de Heriberto Lazcano, El Lazca, lo que permite diseccionar la estrategia contra el crimen, y esta autopsia arroja más preguntas que certezas.

¿Qué hace la Marina en Coahuila? ¿Por qué los marinos entregaron a las autoridades locales, como si nada, el cadáver de dos sujetos que minutos antes los habían enfrentado con un rifle de asalto, lanzacohetes y granadas?

¿Por qué El Lazca de la funeraria no se parece al de la fotografía publicada innumerables veces en los últimos años? Si recibió uno de los disparos en la cabeza ¿por qué no se desfiguró su cara? ¿Fueron cinco o seis los disparos? ¿Cuántos hombres lo acompañaban? ¿En qué condiciones logró huir el tercer hombre? ¿Qué explica la diferencia de 16 cm entre la ficha de las autoridades mexicanas (1.60 m) y la de la DEA (1.76 m)? ¿Y la estatura de 1.80 del cadáver al que se le realizó la autopsia, según el vocero de la Marina?

Lo único claro sobre los hechos es su opacidad. Distintas versiones, muchas contradictorias, sobre las condiciones en que fue abatido y hasta sobre su estado de salud.

Si hemos de creer la versión oficial, el segundo hombre más buscado, sólo después de El Chapo Guzmán, se movía en esos lares con la naturalidad de quien se sabe seguro, protegido, al grado de detenerse, como cualquier paisano, a ver un partido de beisbol en un estadio llanero. Pero ese domingo traía el santo de espaldas, todo le habría fallado: una denuncia ciudadana habría alertado a la Armada sobre la presencia de hombres armados y ninguno de los “monitores” que suelen tener los narcos le alertó de la movilización de los marinos.

La desaparición del cadáver dará lugar a otra leyenda, como ocurrió con El Señor de los Cielos. Una comedia de enredos, un caso de estupidez mayúscula salpicado de versiones y filtraciones contradictorias. ¿Qué pasó realmente? Ojalá algún día lo sepamos.

Pero algo es cierto: Los Zetas, ese grupo de ex militares reclutado en 1999 por Osiel Cárdenas Guillén, jefe del cártel del Golfo, se ha caracterizado por: 1) el control territorial (ya no sólo de rutas para el trasiego de la droga) con su brutal secuela de homicidios, extorsiones, secuestros y trata; 2) la crueldad extrema hacia sus enemigos; 3) las acciones espectaculares, como el rescate de miembros de su grupo del penal de Apatzingán en 2004, y 4) la capacidad para reclutar y entrenar a verdaderas milicias que se han expandido por distintas regiones del país e, incluso, del continente.

La Armada podrá decir que, “haiga sido como haiga sido”, abatieron a El Lazca. Sin embargo, mientras la estrategia gubernamental privilegie el enfoque policial y desatienda todos los demás eslabones institucionales, no habrá resultados tangibles en lo que verdaderamente importa a la sociedad: la recuperación de la tranquilidad.

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario

Comentarios