El insulto a los abogados

Miguel Carbonell

Si como gobernador, Jaime Rodríguez no fue capaz de cumplir con su promesa de meter a la cárcel a su antecesor en el cargo no es culpa de los abogados

Dejemos de lado que haya reconocido haber hecho trampa para llegar a la boleta. No tomemos en cuenta su pésimo desempeño como gobernador. No juzguemos la enorme frivolidad de acudir a un debate sin tener propuesta alguna, pero anunciando que las va a reunir gracias a que los ciudadanos le van a enviar mensajes de WhatsApp.

Quisiera centrarme en un despropósito mayúsculo. Me refiero al hecho de que le faltó al respeto a los abogados del país al afirmar que los delincuentes están en la calle gracias a nosotros, ya que promovemos amparos para sacarlos de la cárcel.

Hacía mucho tiempo que no se escuchaba en un espacio de tanta relevancia una afirmación tan mentirosa y tan carente de sentido.

Si como gobernador no fue capaz de cumplir con su promesa de meter a la cárcel a su antecesor en el cargo no es culpa de los abogados.

Para empezar, hizo muy mal al prometer algo que no iba a poder cumplir. Quien determina que se encarcele a una persona no es un gobernador, sino un juez. En segundo lugar, las investigaciones por corrupción en el caso de Rodrigo Medina de la Cruz cuando estuvo al frente del gobierno en Nuevo León se enfrentaron a enormes obstáculos, los cuales impidieron reunir las pruebas necesarias. Ante la falta de pruebas y la muy discutible actuación de algunos Ministerios Públicos, era lógico que los abogados de la defensa hicieran valer los recursos previstos para garantizar la libertad de su cliente.

Los índices delincuenciales no han dejado de subir porque no hemos logrado combatir la impunidad. 93% de los delitos cometidos ni siquiera son denunciados. De los que sí son denunciados, en la mitad de ellos no se investigación. De los que sí se investigan, en muchos no se reúnen pruebas. De los que se llevan ante un juez, un número considerablemente alto (entre un 80% y un 50%) termina con una sentencia condenatoria o con un reconocimiento de responsabilidad del imputado a través del llamado “procedimiento abreviado”.

Ésa es la realidad. ¿Cómo se le ocurre a don Jaime que intervenimos los abogados para fomentar la delincuencia?

Lo cierto es que hay muchos inocentes en nuestras cárceles. De ninguno de ellos se acordaron en el debate. La realidad es que la policía sigue torturando, el ejército sigue desapareciendo personas. De eso nadie se acordó. Pero es responsabilidad de los abogados hablar por esas víctimas.

Ojalá que don Jaime nunca deba enfrentar una acusación penal en la que lo sentencien sin pruebas; ojalá que nunca lo torturen en un separo policiaco; ojalá que nunca tenga que verse defendido por malos abogados que no usen el amparo para proteger sus derechos.Todo eso pasa en México, don Jaime. Y contra eso luchamos los abogados. Piénselo dos veces antes de volver a descalificar nuestro trabajo.

 

 

 

 

 

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