El huevo por las nubes

Arturo Maximiliano García

Hay quienes creen que su consumo personal de huevo es poco porque lo identifican con comerlo directamente en unos ricos huevos revueltos o estrellados, aunque en realidad a veces lo comemos de manera inconsciente en un número importante de productos que utilizan este ingrediente como insumo fundamental para su producción. Entre otros alimentos muy comunes en nuestro día a día que están hechos a base de huevo están las pastas, empanadas, hamburguesas, carnes rebozadas, pan, pasteles, galletas, flanes, helados, caramelos y muchos otros. Se trata pues de un producto básico en la dieta de los mexicanos.

Quizá no lo sabías pero México es el primer país del mundo en lo que a consumo de huevo se trata. Cada mexicano come en promedio 22 kilos al año, lo que nos posiciona por encima de países como China, Japón y Francia.

Es precisamente el hábito del consumo de huevo lo que hace  importante que su precio se mantenga en niveles accesibles para la mayoría de la población.  Sin embargo mantener la estabilidad del precio de un producto no se da sólo por decreto, sino que está ligado a la oferta de productores de este bien comestible.

Como recordaras, apenas en el reciente año 2012 el precio del huevo se disparó a la alza en nuestro país en más de un 100 por ciento cuando se detectó en varias granjas de México influenza aviar, por lo que se sacrificaron miles de gallinas, crisis de oferta que entre otros remedios tuvo que ser atemperada principalmente mediante la importación de huevo.

En estos días que corren de 2015 se está presentando una reedición de una alza pronunciada de los precios del huevo que alcanzan ya los 40 pesos por kilo en algunos comercios y marcas. Varias razones se han argumentado.

Hay quienes atribuyen esta situación a la paridad peso-dólar donde el peso se encuentra cerca de máximos históricos lo que hace que cualquier producto que importamos de nuestro más grande socio comercial nos cueste mucho más caro. Este factor ha sido descartado de entrada por la Asociación Nacional Avícola (ANA), quien asegura que la demanda que hay en el país por huevo puede ser cubierta con la producción interna y por ende al no haber importación no hay compra en dólares.

Otra posibilidad que dicen justifica los altos precios es la gripe aviar en Estados Unidos, lo cual sería igualmente descartada si como afirma la ANA hoy no estamos importando para consumo.

Donde si  podría influir el precio del dólar es en el costo de los insumos para alimentar a las gallinas, que en su mayoría son de importación y cotizados en dólares.

Dejando a un lado el dólar como factor del alza del huevo se menciona un elemento estacional: la cuaresma. Algunos expertos comentan que es precisamente esta temporada la razón principal por la que dispara el precio del huevo año con año, volviendo a sus niveles normales una vez terminada esta temporada.

Pudiera por otro lado puede tratarse lamentablemente también de un ejercicio especulativo por parte de los intermediarios lo que abone a cualquiera de las causas anteriormente expuestas, quienes ante la incertidumbre y en abuso al consumidor quieran hacer su agosto. Otros elementos:

  • ¿Hay o no hay? A pesar de que la Asociación Nacional de Avicultores niega que exista desabasto interno de huevo, la Secretaría de Economía ya analiza la posible importación de huevo, por lo que se contradice el argumento de autosuficiencia.
  • ¿Quién vigila los precios?  Es importantísima la intervención de dos entidades de regulación gubernamental, la PROFECO y el Comisión Federal de Competencia Económica.  La primera debe inspeccionar que los comerciantes no estén abusando de esta incertidumbre de precios mientras que la segunda debe estar atenta a que no se estén llevan a cabo prácticas monopólicas en perjuicio de los consumidores.
  • ¿Todos los huevos cuestan lo mismo? A pesar de que el producto parece exactamente el mismo, no todos cuestan igual. Se ha detectado que precisamente estos precios cercanos a los 40 pesos por kilo se dan más frecuentemente en ciertas marcas.

Al final sea cual sea la razón cierta o aún si todas en conjunto tuvieran que ver con esta situación del incremento en el precio del huevo, lo más conveniente para nuestro bolsillo sería que regresara a sus niveles de arranque de año antes de que pueda tener un efecto inflacionario en otros productos de los que el huevo sea un insumo indispensable.  Demos oportunidad a que termine la cuaresma y volvamos a analizar la situación.

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