El festival de las polémicas

Juan Manuel Badillo

La más reciente confrontación en el marco del Festival Internacional de Cine de San Cristóbal de las Casa tuvo lugar la noche del miércoles pasado en la plaza principal de la localidad, cuando un grupo de manifestantes irrumpió violentamente durante la función del cortometraje, Music is my mother language, de los estadounidenses Todd Clouser y Billy Martin.

“Apague su chingadera, es una acto del gobierno, no queremos cine, puro perder tiempo”, gritaron un grupo encapuchados.

Minutos después el director del festival de cine, Miguel Camacho anunciaba la cancelación del concierto de Clouser, Martin y John Medezki, programado para cerrar la proyección de la película sobre músicos y la música de Chiapas.

El director y productor de la película, el músico Todd Clouser, se declaró respetuoso de “los derechos de la gente, del pueblo, somos de afuera y estamos agradecidos por estar aquí en su tierra”.

Se informó después que en lugar se reunían cerca de 400 locatarios del mercado Popular del Sur de San Cristóbal de las Casas, mismo que fue tomado violentamente por un grupo rival de comerciantes, la madrugada del miércoles.

“La ciudad más importante de nuestro estado es San Cristóbal de las Casas y se ha convertido en una ciudad cultural, artística, donde vienen festivales importantes, como el que se está desarrollando y no es posible que se siga manteniendo este grupo que desestabiliza, que viola, que asesina, que ametralla, y no pasa nada”, dijo Noé Hernández, uno de los líderes de los inconformes.

Mientras esto sucedía, gente con el rostro cubierto destrozaba carteles publicitarios del festival colocados en las esquinas de la ciudad.

De ese color de hormiga están las cosas en este recién nacido festival de cine, auspiciado por el gobierno de Manuel Velasco Coello.

Desde su inauguración, el 16 de enero, en el Teatro de la Ciudad Hermanos Domínguez, un grupo de inconformes burló los controles. Se colaron al recinto y pidieron por los 43 estudiantes normalistas desaparecidos, entre otras cosas.

El secretario de turismo estatal, Mario Uvence, contestó a las protestas con una arenga desmedida y dijo que “el buen cine llegó a al estado, le guste o les guste”.

La parte bonita del festival es que la gente se ha volcado a las pocas salas y las ha llenado a tope, en parte porque la entrada fue gratuita y luego porque se corrió la voz de que las películas eran buenas.

Se vio por ejemplo, a gente soltar el llanto durante una charla sobre Rojo amanecer, de Jorge Fon, sobre el movimiento estudiantil de 1968, y agradecer al director “por haber tocado mi vida”, dijo una joven.

Hemos sido testigos de la película que más lágrimas ha provocado entre el público, con el documental “Llévate mis amores” de Arturo González Villaseñor, sobre las Patronas, señoras que dan de comer a los migrantes en Amatlán de Los Reyes, Veracruz.

Se proclamaron levantamientos insurgentes que se olvidan apenas salir del cine. Ambientalistas se dieron la mano con defensores de derechos humanos, e indigenistas levantaron la mano por los indios de México.

Pero no se espante, lector fino, que tratándose de un festival de cine de contenido social y combativo, no se podías esperar menos.

San Cristóbal de las Casas fue la cuna de la rebelión zapatista en 1994 y desde entonces la entidad no es otra cosa que el resumen del México real y sus descontentos.

El Festival Internacional de Cine de San Cristóbal de las Casas ha sido una válvula de escape de la presión ciudadana y no el motivo, y en ese sentido ha cumplido su cometido social, a cabalidad y en automático.

El festival, en resumen, resultó ser una genial novatada del gobernador Manuel Velasco Coello y mal haría en atentar contra el único y más importante evento cultural que lleva su nombre.

Que la prudencia, la razón, y el buen cine se imponga en San Cristóbal de las Casa, por el bien de todos. Amén. FIN

 

Comentarios