El Derecho del Trabajo y la posmodernidad

Filiberto López Díaz

Los abogados laboralistas del gran parte de orbe, desde hace bastantes años, hemos tenido que entrar al vientre de la economía e inclusive utilizar y acostumbrarnos a ciertos términos de la misma.

Iniciamos con la famosa reconversión que no es otra cosa, que la modernización de los procesos productivos y de la maquinaria. Así, surgieron entre otros métodos de producción: “Just in time”; el modelo “Taylorista” que de una manera u otra fue un opositor al “Fordismo” y el “Toyotismo”.

En septiembre de 1984, la Organización Internacional del Trabajo, organizó en Turín Italia un Seminario en el cual y gracias a mi amigo el Dr. Néstor de Buen, tuve conocimiento de Gino Giugni y Tiziano Treu, destacados laboralistas internacionales.

El tema principal fue la Concertación Social con antecedentes en la propia Italia con el Pacto Scotti y más amplia, concreta y con resultados excepcionales en Los Pactos de la Moncloa celebrado en España a la muerte de Franco.

La Concertación Social es un instrumento de macroeconomía que precisamente en España, permitió a los actores sociales y políticos de la época, incluyendo la izquierda extrema, pasando por el centro e conteniendo a la derecha más tradicional, llegar a un acuerdo y apoyar a España entera a salir de la grave crisis, económica, jurídica, social y política en que se encontraba.

Por aquellos años, se olvidaron intereses de sector e ideológicos y se unieron y lograron un solo objetivo: El Estado de Derecho Español. Por supuesto que el presidente Adolfo Suárez y el Rey desempeñaron un papel de tal magnitud, que facilitó ampliamente la negociación.

La Concertación Social explicado de la manera más sencilla, es el acuerdo al que llegan empresarios, sindicatos, gobiernos y las llamadas fuerzas sociales, a efecto de atenuar la crisis tal vez, generalizada. En México durante el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, hubo un tímido  y gris intento en celebrar algo semejante a la Concertación Social, aun cuando no se le nombró así, sino Acuerdo Económico y Social (9 de octubre de 1984) dentro del cual, se supone que los empresarios disminuirían los precios de servicios y productos ofertados; los trabajadores no pedirían mayores aumentos salariales y el gobierno federal… ¡Agárrese usted!, se comprometió a que no habría “mordidas” en las carreteras federales. Lógicamente, es resultado fue poco menos que negativo.

Si observamos con detenimiento la crisis por la que cruza México, fácilmente concluimos que nos urge una Concertación Social, empero sin pesimismo alguno nos enfrentamos ante dos obstáculos insalvables para lograr lo anterior: el primero se concreta a que no existe de momento, alguien con la suficiente fuerza moral y política para convocar la concertación y el segundo es el de representación; es decir: ¿el Congreso del Trabajo en realidad representa a la mayoría de los trabajadores del país? La respuesta es un rotundo no, pues ¿en dónde quedarían los llamados sindicatos independientes? y ¿el Consejo Coordinador Empresarial tiene la representación de los patrones en México? La respuesta es la misma. Por esta y otras razones, cobran especial relevancia las palabras de Platón: “el precio de desentenderse de la política, es ser gobernado por los peores hombres”.

Desde luego amigo lector, usted tiene una mejor opinión.

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