El derecho a defender derechos humanos: una actividad bajo riesgo

Lídice Rincón Gallardo

En julio de 2014, la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos dio a conocer El derecho a defender los derechos humanos: informe sobre la situación de las personas defensoras. El panorama que aquí se presenta no podría ser menos alentador: entre 2011 y 2013 se habrían documentado 409 agresiones hacia ellas, en 24 entidades federativas –incluyendo a Querétaro, de manera desafortunada–, bajo las modalidades de amenazas en general y amenazas de muerte en particular, detenciones arbitrarias, agresiones físicas, intimidaciones, la violación al derecho a la honra y la reputación e, incluso, la muerte violenta. En este período, se consignan 27 asesinatos, la mayoría de ellas mujeres, cuyos crímenes aún permanecen en la impunidad. De manera alarmante, el Informe señala que son especialmente vulnerables quienes defienden los derechos de las personas migrantes, se dedican a la gestión comunitaria de derechos y quienes integran movimientos sociales en zonas de alta presencia del crimen organizado. Como puede deducirse, defender derechos humanos en México es una actividad de riesgo, que implica muchas veces abandonar la cotidianeidad para enfrentar la vida incierta, en constante movilidad, escondiéndose de una posible agresión que no se sabe bien de donde vendrá, puesto que los intereses que se tocan son múltiples y amorfos, como si se tratara de un dragón de mil cabezas alimentado por la impunidad y la injusticia.

El informe referido, sobre todo, llama la atención acerca de la necesidad de que el Estado intervenga, por una parte, para proteger la vida de las personas activistas y garantizar el derecho a defender derechos humanos, reconocido tanto en el Sistema Americano como en el Universal de Derechos Humanos; y, por la otra, sobre la importancia de que el gobierno erradique aquellas zonas de injusticia, violencia y ausencia de una cultura de paz en cuyo contexto las personas tienen que volverse  gestoras de sus propios derechos, en héroes y heroínas de tiempo completo, en permanente batalla contra el olvido y la indiferencia. Si bien es cierto que actualmente existe un Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, dependiente de la Secretaría de Gobernación y que funciona con la asistencia técnica de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, éste no ha podido asumir la protección de todas las personas en riesgo. Así, entre octubre de 2011 –año de creación del Mecanismo– y diciembre de 2014, la Secretaría de Gobernación habría atendido 218 solicitudes de medidas de protección, de las cuales 123 habrían sido presentadas por periodistas y 95 por defensores y defensoras de derechos humanos, dándole hasta el momento protección efectiva a 294 personas en total. Se  trata de un número reducido frente a la magnitud de las tareas pendientes en la materia.

Ahora bien, frente a tanto riesgo y precariedad, ¿qué lleva a una persona a abandonar la vida regular para asumir la tarea de defender derechos humanos? La respuesta  es que uno no puede permanecer indiferente ni quedarse callado frente a tanta injusticia e impunidad. Defender derechos humanos es una actividad peligrosa en nuestro país porque significa tocar poderes establecidos, privilegios y cuestionar la manera en que la autoridad se desentiende de sus obligaciones de proteger, garantizar, promover y defender derechos bajo cualquier circunstancia. Como escribió Bertolt Brecht durante la Segunda Guerra Mundial, la indiferencia frente a la desaparición primero de los judíos, luego de los gitanos y finalmente de otros grupos en la Europa nazi, nos muestra que sin solidaridad y apoyo a quienes defienden derechos, todos y todas somos potenciales víctimas de la violencia y la discriminación. No podemos seguir indiferentes frente a los riesgos que implica hoy defender derechos humanos en nuestro país, y para cambiar las cosas, lo primero es decirles a esos padres y madres, hermanos y hermanas, esposos y esposas, amigos y amigas de víctimas de la injusticia en nuestro país, que no están solos ni solas. 

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