El de regalo, comodina costumbre

Siempre las corridas son la gran oportunidad que te otorgan los empresarios para sobresalir y hacerte un lugar en el toreo, y a lo largo de los tiempos muchos toreros se jugaban el orgullo al momento de partir plaza y que mejor si era la más grande del mundo. Daban muestra de sus agallas para salir con los premios y ver a los tendidos llenos de pañuelos blancos exigiendo un premio justo a la actuación de esa tarde.

Últimamente tal parece que se ha convertido en una opción para denigrar al toreo desde el sentido que las ganaderías no mandan a sus mejores reses como si todo estuviera ya arreglado para que sigan viendo como negocio sin bravura y casta.

Varios son los toros que carecen de fuerza, un campo bravo mexicano que parecen tienen dieta de cereales de mercado que hacen del toro un animal sin casta sin nada que lo tienen que sobar en la suerte de varas para que apenas llegue al siguiente tercio con la fuerza justa y solo nos pueda mostrar dos pases y el toro cae medio muerto a falta de esa fuerza.

Es un mal que se ha venido generando a través de las tardes de toros, todas las plazas merecen respeto pero la de la Ciudad de México que está en la colonia Nochebuena merece aún más y nos solo hablo de los toros, sino de los toreros que parece han caído en una comodidad y mediocridad al saber que si no le sale en suerte un buen ejemplar podrán regalar uno más que saben es de otra ganadería y aunque le cueste podrán salir a hombros.

Y es que el toro de regalo era un recurso al que pocos accedían pues la suerte a veces jugaba de la mano de los toreros y a veces no sin embargo ellos se tenían que esforzar en la plazas de provincia para poder volver a tener la oportunidad de lidiar un par de toros en la Plaza más importante en México y la segunda en el mundo.

Hoy los toros de regalo se dan como agua en manantial, digo si bien siempre se agradecerá ver toros en lidia me parece que es una ventaja tener tres toros en lugar de dos y esto se vuelve un juego y hasta cierto punto una manera de echarse a la hamaca sabiendo que pueden pagar por el triunfo y no al revés demostrar que a pesar de los flaco o mal presentado que este su oponente poder salir con las orejas y el rabo de la Plaza México.

Este humilde columnista que está a su servicio no puede negar que si en una corrida tenemos nueve toros sería una delicia porque a los que nos gusta estaremos siempre encantados al seguir viendo el arte del toreo, sin embargo el hecho  de regalar un toro ya se está volviendo costumbre en vez de ser una última opción a la cual en el afán de triunfar se llevan por delante el tiempo y desigualdad en la suerte, que es esa misma suerte la que le da vida a la fiesta de los Toros.

¿O ustedes qué opinas de los toros de regalo?

Espero su comentarios en [email protected] y @olmochato

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