El buen juez por su plaza empieza.

La palabra decisión implica muchas cosas y es como una moneda en el aire que puede ser para bien o para mal, tomamos decisiones siempre esperando que sea la correcta en nuestra vida diaria pero algunas veces no lo es así y las decisiones equivocadas nos pueden traer problemas muy serios. Y es precisamente el trabajo que tiene que hacer el valioso, intrépido, audaz, conocedor juez de plaza a la hora de que lo designan como tal.

El juez de plaza por antonomasia es un individuo quien se distingue o sobresale entre los demás por sus amplios conocimientos sobre la Fiesta de los Toros pero, sobre todo, por su reconocida solvencia de honestidad, moral, ética y juicio, atributos necesarios para detentar tan digno cargo para el que ha sido designado por las autoridades correspondientes; para que en el ejercicio de dicho nombramiento vele de manera insoslayable por los intereses de los aficionados, seriedad y respeto por la Fiesta Brava.

A un juez de plaza lo designa cada municipio o delegación según sea el caso, puesto que es la persona que impartirá la ley, otorgará los trofeos y sobre todo tendrá quen verificar que las condiciones sean las propicias de acuerdo al Reglamento taurino de dicha ciudad o la capital.

Este reglamento se va modificando en cada estado de la República y cada plaza de toros donde se lleve a cabo una corrida. En Querétaro, nuestro reglamento taurino es un documento de trece capítulos donde se especifican cada momento dentro y fuera de la plaza. Desde qué hacer si el toro no es muy bueno en pesaje, si la ganadería no manda el número de astados, los espontáneos, los toreros que no quieren o no pueden terminar su faena, en fin un sin número de artículos que cada personaje de la fiesta debe conocer.

El juez de plaza siempre en su balcón debe estar presentable como la autoridad que es, cuenta con un asesor que generalmente es un torero retirado, algún subalterno, o algún conocedor de la fiesta ya que es quien da las opciones al juez para otorgar los trofeos, asimismo en el balcón están los llamados parches y metales que son la trompeta y el bombo que anuncian las salidas de los toros los cambios de tercios y los avisas cuando se extendió la faena.

El juez porta tres pañuelos dos blancos los cuales, cuando los muestra, es para otorgar dos orejas, y uno verde que significa que el torero ha ganado el rabo. De la misma manera indica cuando un toro debe ser regresado a los corrales por no tener presencia casta o bravura y cuando el toro merece los honores del arrastre lento o la vuelta al ruedo.

Hasta aquí todo parece sencillo ser la autoridad encargada de impartir la ley dentro de las corridas que tiene asesores dentro y fuera del ruedo pues el juez de callejón debe estar en comunicación para hacerle llegar lo que pasa en la parte de abajo.

Pero lo bueno para el juez de plaza es cuando decide los premios, puesto que el reglamento taurino y las historia de la misma nos dice que el público, en mayoría, es quien otorga los premios y decide cuando un toro es bueno o malo según su actuar dentro del ruedo. Muchas ocasiones, un juez a pesar de que los tendidos piden y exigen algún premio el juez simplemente por prepotencia y soberbia, decide no otorgarlo echándose encima a miles de espectadores que estarán duro y dale contra el juez teniéndolo como enemigo público número uno. Es cuando el trabajo del Juez de Plaza se torna bochornoso e inquietante.

A lo largo de mis visitas a las plazas de México el Juez se lleva dos que tres “mentadas de madre” puesto que la percepción es muy ambigua para algunos el toro no debe regresarse a los corrales y para otros si, de la misma manera para algunos el toro es de arrastre lento y para otros es demasiado premio, y para algunos más merece dos orejas y rabo, y para otro una simple salida al tercio. Es un sinfín de decisiones que el Juez de Plaza debe tomar para sancionar o premiar a los alternantes.

El primer juez de plaza de la Monumental Plaza de Toros México fue designado por la Delegación Cuauhtémoc y fue el señor Carlos Zamora teniendo como asesor a Rosendo Bejar en aquella corrida inaugural.

Un amigo juez que tuve Felipe Pescador decía siempre: “Para ser un juez de plaza respetable hay que entender perfectamente el reglamento, saber escuchar al público desde el palco y tener ese sentido común tan importante para que con la mejor de las éticas se pueda valorar y premiar con las orejas lo que los matadores hacen en el ruedo”.

A muchos jueces les hace falta eso sentido común y saber escuchar al público que es quien decide.

Me despido esta vez agradeciendo el espacio que cada semana se me encomienda para compartir de la fiesta de los toros con los lectores, y aprovecho para felicitar a la Casa Editorial a la cual pertenezco por su segundo aniversario en esta maravillosa Ciudad de Querétaro, que sean más logros y que más espacios taurinos se sigan abriendo para que la fiesta brava se siga difundiendo.

 

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