Educación con enfoque inclusivo

10/04/2019
03:05
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Nuevamente, la agenda educativa está en el centro del debate nacional. La relevancia de este tema es de enormes proporciones, por cuanto el proceso educativo busca edificar individuos autónomos, conscientes y responsables y, a través de ello, sociedades más justas, solidarias y democráticas. Podríamos afirmar, en ese sentido, que los horizontes de la educación definen, en gran medida, los contornos de la convivencia social en el marco de un Estado de Derecho.

Aunque existe consenso en la importancia que reviste este tema, los diferendos se encuentran en las diversas perspectivas que se han planteado para llevar a nuestro sistema educativo a mejores niveles de desarrollo que permitan garantizar el derecho a la educación de manera plena. Así, mientras a nivel internacional se ha colocado el acento en el asunto de la calidad educativa, las cuestiones de equidad e inclusión no pueden dejarse atrás. Si bien la medición de resultados y la aplicación de evaluaciones diagnósticas son instrumentos valiosos para conocer los avances educativos en un país, también debemos ampliar el enfoque para considerar el impacto de elementos como el rezago social, los contextos culturales o, incluso, los aspectos emocionales de las personas en el proceso educativo. Al respecto, diversos datos indican que nuestro país enfrenta enormes retos.

Según el Panorama de la Educación 2018 de la OCDE “las grandes diferencias en el entorno de aprendizaje de las instituciones públicas y las privadas pueden representar un obstáculo para la equidad de los resultados educativos”. Recientemente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se pronunció respecto al derecho a la educación inclusiva. Lo anterior pone énfasis en la obligación del Estado mexicano de “asegurar que las circunstancias personales o sociales, como el género, el origen étnico o la situación económica, no sean obstáculos que impidan acceder a la educación”.

Por esa razón, el actual debate educativo debe nutrirse no solo de criterios para alcanzar la calidad educativa, sino para reducir las brechas de desigualdad entre zonas de marginación y regiones del país. La educación incluyente nunca es perjudicial para una sociedad. La calidad educativa puede garantizarse mediante un trabajo más cooperativo que competitivo. Como el gran pedagogo Paulo Freire refería: “ninguno ignora todo, ninguno lo sabe todo. Por eso aprendemos siempre”.

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