Drama infantil

Carlos de los Cobos

“Todos somos responsables de todo y por todo, pero yo mas”. Dostoievski

En las últimas semanas me ha llamado la atención la forma en cómo existe una crisis en nuestra niñez latinoamericana y mexicana por supuesto; veamos el caso: alrededor de 7,905 niños centroamericanos viajan a la frontera norte de nuestro país en las condiciones más ínfimas en busca de una vida digna, para ello se transportan en un tren llamado “La bestia”, sufren acosos, robos, golpes, violaciones de sus derechos humanos y ultrajes. Pasar de la frontera sur en Guatemala a México es fácil, nadie me lo contó, lo constaté físicamente, y quedé asombrado ante el panorama desolador, la omisión de la autoridad y las pésimas condiciones de viaje, así como las historias de dolor que sufren familias enteras. Las preguntas que surgen: ¿Son éxodos ocasionados por el sistema político-económico? ¿Cuál es su causa?

México es un país de origen, tránsito y destino de migrantes. De acuerdo con el Instituto Nacional de Migración (INM), cada año, alrededor de 40 mil niños y niñas que migran son repatriados desde Estados Unidos a México, de estos, 18,000 viajan solos.

Además de la tragedia relatada, debe sumarse que en México el 53% de los niños viven en pobreza y tres de cada diez pasan hambre. Ni qué decir del escándalo en Michoacán de la llamada Mamá Rosa y el modus vivendi en dicho albergue, el cual es indignante y aberrante, dado que de las 596 víctimas, hay dos bebés entre dos meses y dos años; 174 niñas entre tres y 17 años; 278 niños entre 3 y 17 años; y 138 adultos. Todos ellos viviendo entre ratas, pulgas, comida en mal estado y deplorables condiciones físicas del lugar.

En otro contexto, pero se suma a ello, la tragedia internacional del accidente aéreo en que fallecieron 12 niños en el avión de Malaysia Airlines a causa de terrorismo político y se continúa deliberando qué acciones tomará la ONU y la comunidad internacional, pero sin observarse resultados claros y medidas tendentes a resolver la problemática, tan es así que la revista TIME de este mes dedica su portada a Vladimir Putin y deja abierta la pregunta sobre la posibilidad de una segunda Guerra Fría.

En esta ocasión, al acercarme a los materiales pertinentes, observé que los instrumentos e instituciones internacionales juegan un papel preponderante, pero insuficiente para atacar esta problemática que se debe no sólo a corrupción en gobiernos, extrema pobreza, redes de prostitución y una doble moral del país del norte, pues de todos es conocido el tráfico de niños y sus órganos a cambio de unos cuantos dólares.

Para la UNICEF, el principio del interés superior del niño o niña, entendido como un conjunto de acciones y procesos tendientes a garantizar un desarrollo integral y una vida digna, así como las condiciones materiales y afectivas que les permitan vivir plenamente y alcanzar el máximo de bienestar posible, debe siempre tenerse presente en cualquier interpretación posible en los conflictos internacionales y nacionales. Ardua tarea tienen los jueces constitucionales, pues cuando la política fracasa, la justicia constitucional debe hacerse presente.

Ciertamente, EU es para muchos un paladín de la democracia y la policía del mundo; interviene en la mayoría de los conflictos armados; dicta políticas económicas a través de su influencia en órganos mundiales y es omiso en suscribir algunos instrumentos internacionales para proteger a la niñez. Ah! Eso sí, los representantes republicanos “montados” en su discurso racista y contraviniendo frontalmente las normas de protección del derecho internacional: el asilo y el refugio. Recomiendo ampliamente la novela de Martin Moreno “Arrebatos Carnales” en las que se relata un poco lo expuesto en este párrafo.

Por otro lado, si la comunidad internacional no quiere que esta situación se presente, debe comenzarse por incentivar las economías latinoamericanas en lugar de intervenirlas y postrarlas a su servicio. El papel del ciudadano no sólo es de denuncia, tampoco como profesor universitario “internacionalista” en cuya red social se concreta a decir: ummm… falta… se necesita… la pregunta es: y luego profesor?? Porque no actúa!

Parafraseando a Dostoievski, la actitud del profesor es la que debemos comenzar por abandonar. Los niños y niñas son nuestro porvenir, qué mundo les estamos dejando: guerras, migraciones, falta a su principio de dignidad y por supuesto, traumas de por vida: el gran reto es hacer visible a este grupo vulnerable y coadyuvar en la medida de nuestras posibilidades a que hereden un mundo mejor del que nosotros recibimos.

Doctor en Derecho y especialista en Justicia Constitucional

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