Dolor: escuchar, mirar, palpar…

Arnoldo Kraus

La imposibilidad médica de cuantificar el dolor por medio de estudios científicos exige “mirar el dolor” por medio de palabras

Médico

El dolor es etéreo. Carece de cuerpo. Es una sensación personal y no es fácil de transmitir. Experiencias propias o de personas cercanas dotan a quien lo padece del lenguaje para describirlo, en ocasiones adecuado, otras veces impreciso e insuficiente.

El dolor es el motivo fundamental por el cual las personas acuden al médico. Su incorporeidad, aunada a las diversas percepciones de los enfermos y al esqueleto de la modernidad, i.e., rapidez, tuits, mensajes, en lugar de voz y contacto físico, dificultan la interpretación de quien lo padece como de quien lo escucha. Mitigar el dolor, dada su incorporeidad, exige otras vías: escuchar, palpar, mirar.

La imposibilidad médica de cuantificar el dolor por medio de estudios científicos exige “mirar el dolor” por medio de palabras. Quienes lo padecen intentan compartirlo y encontrar un ser empático que lo aprehenda y le permita verterse.

Afirma Orbach: “con el dolor del dolor, escribo, me escribo, busco quien lo escuche y lo haga, al menos, un poco suyo”. El dolor, el enfermo, busca una morada similar por medio de la escucha, de la mirada, del tacto.

Hans-Georg Gadamer explica que “el papel del médico es tratar al enfermo con cuidado (...) en alemán, Behandlung significa tratar, tratamiento, manejar con cuidado al enfermo; el tratamiento empieza con la palpación, acto por medio del cual el doctor no sólo examina al enfermo sino inicia el tratamiento”.

Dentro de unas décadas el ser humano, será diferente. Calificarlo de “bueno o malo” no importa. Robótica, clonación, inteligencia artificial y el incremento de las formas de incomunicación para unos, comunicación para otros, vía aparatización del ser humano, imprimen e imprimirán, cambios en nuestra esencia. La aparatización aumentará y el ser humano se aparatizará cada vez más. El dolor físico y las mermas secundarias al dolor anímico se controlará mejor debido a la ciencia, aunque nunca del todo. De ahí la idea de no someterse totalmente a la aparatización y regresar y revitalizar la esencia humana.

Los sentidos, resguardo imprescindible para el dolor y el miedo, merece repensarse, y de ser posible, contagiarse. La aparatización es bendición y enfermedad. El ser humano aparatizado tecleará cada vez más, quizás se deprimirá menos y poco sabrá de los fantasmas internos y de las personas de su entorno.

 

 

 

Comentarios