Diversión o revolución

Juan Manuel Badillo

Café Tacvba inició su gira 20Re-CT25 en Querétaro. Celebran 20 años del disco “Re” y 25 años de la banda. Tocaron, se despidieron y regresaron, pero no con el grito de “¡otra!”, “¡otra!”, sino bajo la consigna de “¡Vivos se los llevaron. Vivos los queremos!” La banda anónima se había organizado de espontáneo con el reclamo por los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

La turba rockera rompió el desorden de voces entre los varios miles de asistentes que clamaban por la matanza de Iguala y por una cerveza tamaño “cubeta”, al mismo tiempo.

Antes, Rubén Albarrán, con look de “Diablito”, el mismo look de hace 20 años, pidió por los estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos y dijo una de esas verdades que nadie quiere escuchar: “No es suficiente con venir a gritar a un concierto muchachos, hay que desmantelar este sistema opresor”.

Cosas sabias dijo Albarrán, diablito brincolín: “No es suficiente con gritar en un concierto”. Lo que no dijo Albarrán, diablito correlón, es cómo “desarticular ese sistema opresor”.

En otros tiempos, con otras circunstancias, la gente cansada del sistema político agarraba un fusil y se iba al monte. Hoy, la gente cansada del sistema político, agarra un fusil, un pasamontañas, y se toma una “selfie” con su compañero de armas y la sube al “face”, y luego ya le dio flojera de agarrar para el monte.

Antes, aquellos indignados por las injusticias del “mal gobierno” imprimían hojas informativas y se lanzaba a las calles a clamar por sus hermanos de sangre, compañeros de la misma pobreza.

Ahora, esas personas, cansadas de las injusticias, lanzan su manifiesto político en redes sociales, denuncian a los opresores y luego se van a un concierto de Café Tacvba, a gritar consignas y pedir unos nachos con doble ración de queso.

Este columnista camorrero pensó, en su momento, en organizar una comitiva que saliera a botear a la avenida Constituyentes o ir a manifestarse en un lugar donde la gente sí reaccione, sí se indigne y sí reclame, por el desabasto de un producto de la canasta básica, como una de esas tiendas de conveniencia donde venden cervezas a media noche, por ejemplo.

Los “cafetos” regresaron al escenario y empezaron con las complacencias, y las consignas desaparecieron, era momento para correr por unas palomitas con harto chile y un refresco light para la “reina” que se quiere ligar, con el tema “Eres” como música de fondo.

La misma confusión política sucedió después, con León Larregui, voz de la banda Zoé, cuando en el Foro Sol del DF pidió por los de Ayotzinapa. “México está de luto. México está sangrando. Qué más tenemos que aguantar para decir basta”, gritó.

Todavía estaba este columnista “cheguevariano” pensando en cómo “desmantelar el sistema opresor”, cuando aparecieron las primeras imágenes de León Larregui detenido por policías capitalinos, bajando de una patrulla con el rostro descompuesto, con cara de “¿aquí es la peda que se organiza por los de Ayotzinapa?”.

Los primeros rumores hablaban de un atentado a la libre expresión de los rockeros alcohólicos y confundidos, y de inmediato, el comando de revolucionarios de “memes”, subieron la consigna necesaria y elemental para defender la dignidad de León Larregui: “Marigüano se lo llevaron, marigüano lo queremos”.

El alma nos regresó al cuerpo cuando el mismo Larregui salió a decir que lo detuvieron por escandaloso y no por su discurso político en el concierto, pero que de todos modos, reclamó, que qué tipo de país es este que ya nadie puede caminar marigüano por las calles.

Cosa sabia dijo Rubén Albarrán de Café Tacvba: “No es suficiente con venir a gritar a un concierto”, y menos, cuando el deseo de justicia social se convierte en el pretexto de la chorcha, del desmadre contestatario, porque para mucha raza la diversión y la revolución son una y la misma cosa.

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