Día de Muertos; esencia perdida

Mayra Alejandra Dávila Alvarado

En Mérida se llevó a cabo una entrevista al presidente del Supremo Consejo de Sacerdotes Mayas de Yucatán, Valerio Canché Yah, el cual argumentó:

“Sin duda hay una pérdida de valores que afecta a la tradición de rendir culto a los muertos porque ahora no se hace con respeto y humildad, sino por obligación familiar o por buscar pretextos para hacer una fiesta”.

En México, la tradición de Día de Muertos es muy antigua: desde hace aproximadamente 3 mil años algunas civilizaciones indígenas, como los aztecas, rendían culto a sus muertos en un festival anual que duraba alrededor de un mes. Esta celebración se llevaba a cabo en el noveno mes del calendario solar azteca, mismo que hoy correspondía a nuestro mes de agosto.

La fiesta de Día de Muertos en México, principalmente entre los grupos indígenas, es un momento de reunión de toda la familia, tanto de vivos como muertos, con lo cual, fortalece la identidad, además de la relaciones interfamiliares primero y comunales después. Es por esto que esta celebración tiene una función social de suma importancia por la gran riqueza simbólica que se encuentra presente durante toda la celebración.

Las culturas indígenas concebían a la muerte como una unidad dialéctica: el binomio vida-muerte, lo que hacía que la muerte conviviera en todas las manifestaciones de su cultura. Que su símbolo o glifo apareciera por doquier, que se le invocara en todo momento y que se representara en una sola figura, es lo que mantiene viva su celebración. El altar de muertos es quizá la tradición más importante de la cultura popular mexicana y una de las más conocidas internacionalmente; incluso es considerada y protegida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Hoy en día nuestro pueblo adopta otro tipo de fiesta: “Halloween”. Los orígenes de dicha fiesta son muy antiguos y abrevan de tradiciones muy distintas: la celta, la romana y la cristiana. Desde tiempos muy remotos, los pueblos celtas solían organizar festivales para honrar a Samhain, dios de la muerte. Ellos asociaban la llegada del invierno con la muerte y los malos espíritus, por lo que durante las noches invernales hacían fogatas y utilizaban disfraces para mantener a los espíritus lejos y evitar con esto que dichos seres les hicieran daño.

Nuestra tradición se ha ido deformando con el pasar de los años: la mayoría de la gente confunde o piensa que la tradición anglosajona del Halloween es equivalente a nuestro Día de Muertos, cuando lo cierto es que esta fiesta nada tiene que ver con la segunda. Esta no es para recordar a los difuntos ni ofrendarles nada, lo único que tienen en común es la proximidad de las fechas: el Halloween se celebra el 31 de octubre, mientras que el Día de Muertos es el 1 y 2 de noviembre.

La muerte está tan impregnada en nuestra cultura que representa gozo y vida, ya lo dice la canción: “Cuando yo muera no llores, porque si lloras yo peno, en cambio si tú cantas y gozas yo siempre vivo y nunca muero”.

Los invito a que continuemos transmitiendo a las nuevas generación cada una de las costumbres y tradiciones que nos identifican como mexicanos y en especial esta tradición de Día de Muertos, ya que al decir de Octavio paz “el mexicano juega con la muerte, ríe con la muerte y vive con la muerte”.

 

Oradora Nacional. Premio Estatal de la Juventud Querétaro 2013.

@MadalyrmDavila

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