Desapariciones

Jorge Meléndez Preciado

Sólo la autocrítica a fondo preservará a unos cuantos.

Aumentan las desapariciones en México según diversos organismos especializados. Pero ahora empiezan a esfumarse políticos, partidos y hasta funcionarios que han lucrado con el presupuesto durante años. Ese desvanecimiento será rápido a partir de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador, porque ellos ya no contarán con los privilegios que fueron en aumento a partir de los sexenios de Fox y Calderón, cuando crecieron bonos, mal llamados “ahorros” y pagos innumerables.

Un muerto viviente es el PRI. Llegó a su punto más bajo en todos sentidos. Sus presuntos salvadores no alcanzan a indicar con precisión las lacras que padece, y hacen malabarismos verbales para evitar decir a qué se debió su derrota: Enrique Peña Nieto quien permitió la corrupción, solapó amigos, evitó el castigo a quienes violaron la ley, derrochó el presupuesto y nunca puso orden en una casa donde hasta la hija de La Gaviota hizo lo que le vino en gana.

Prueba de la vacuidad oratoria es la despedida de René Juárez Cisneros, quien únicamente estuvo 75 días en la presidencia que correspondía a Manlio Fabio, para después dejar el cargo a la inexperta Claudia Ruiz Massieu. Ella no podrá con el paquete aunque la ayude su tío Carlos Salinas. No tiene equipo, dinero ni ideas para reactivar a un zombi que ya no espanta ni a los niños de primaria.

En su despedida René Juárez no trató el asunto de la corrupción; de la violencia, que incluso Peña Nieto acepta que no fue combatida correctamente y que aumentó en su administración; mucho menos habló de la impunidad existente entre los tricolores (¿por qué no han detenido a César Duarte?). Eso sí, lanzó mucha retórica acerca de los fallos desde 1968 hasta nuestros días (¿dónde andaba el guerrerense en aquellas trágicas jornadas?) y de la falta de relación de la base con la cúpula, algo que fue el signo priista desde antes que llevara esas siglas: los de arriba decidían para que los de abajo aceptaran migajas. (La Jornada, 17 de julio)

El siempre listo para declarar Francisco Labastida culpa al trío fallido de esta campaña: Enrique Ochoa, Aurelio Nuño y José Antonio Meade. Señala que uno de los asuntos que le hizo daño al PRI y a la presidencia de la República fue “el chisme” de la Casa Blanca, un hecho que fue corroborado puntualmente por el equipo de Aristegui. Algo que muestra el poco valor civil de un candidato que perdió ante Fox por sus malas formas y su falta de talante. (EL UNIVERSAL, 17 de julio)

Pancho el sinaloense dice que otro error fue Ayotzinapa, aunque no precisa que es un caso abierto ante la inepcia gubernamental, sino que lo plantea como algo coyuntural. Olvida que la CNDH de Raúl González Pérez lo señala como parte de otras tragedias: Tanhuato, Apatzingán, Nochixtlán y Tlatlaya. (Proceso, número 2176) Yo agregaría Atenco.

Otro que gime es el Panal, al cual Luis Castro Bregón llevó hasta el fondo del barranco. Al traicionar a la maestra Elba Esther, cavó su tumba junto con su compadre y todavía líder del SNTE, Juan Díaz de la Torre. El supuesto líder magisterial no logró su asiento legislativo, ni siquiera como plurinominal.

Otro cínico es el señor Dante Delgado. El Movimiento Ciudadano logró 7 senadores y 28 diputados. Con esa ridícula cifra (y el deslinde de Enrique Alfaro que los llevará a la extinción) asegura Dante que será una oposición ante el próximo gobierno. Carcajadas.

Quien que ya se va de la Ciudad de México es José Ramón Amieva, pero nos deja un policía de mala fama y un funcionario que hizo del negocio su sello personal, Raymundo Collins. El todavía jefe de gobierno demanda que Collins evite “los moches” y apoye a los elementos honrados de la policía. Es tanto como exigirle a un sicario que se comporte adecuada y correctamente.

Sólo la autocrítica a fondo preservará a unos cuantos.

 

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