Derrota ganada a pulso

Jesús Reyes Heroles G.G.

Los resultados del 1 de julio son una expresión de condena a la administración de EPN

Presidente de GEA

El gobierno de Enrique Peña Nieto acabó tan mal como lo hizo debido a la calidad de su gestión y a que otros actores de la sociedad mexicana no cumplieron el papel que les corresponde. La contribución de la campaña a ese resultado merece comentario por separado.

Salvo durante los primeros 18 meses, cuando concretó un paquete de reformas estructurales, necesarias y largamente pospuestas, el resto de su administración fue de deterioro ininterrumpido. A pesar de información abundante acerca del deterioro continuo de la popularidad del presidente, y de otros indicadores del creciente desencanto y enojo de la ciudadanía, la administración prácticamente no corrigió su curso de acción.

Después de 24 meses de una disminución de la inseguridad (homicidios dolosos disminuyeron 46%), la inseguridad volvió a aumentar, hasta alcanzar un máximo histórico de 2 mil 890 homicidios en mayo. Estos “focos amarillos” no le parecieron alarma suficiente a la administración, que se distinguió por su falta de autocrítica.

Salvo contadas excepciones, otros actores políticos y sociales no cumplieron su función de señalar y denunciar lo que sucedía.

Algunas organizaciones de la sociedad civil ventilaron, con éxito variado, deficiencias de transparencia y corrupción de la administración.

Esa “autocontención” de los otros actores sociales para fungir como contrapeso de los gobiernos permitió, o incluso contribuyó, al profundo deterioro de la administración. La amplitud e intensidad de la demanda de “cambio” aumentaron ininterrumpidamente. La bola de nieve del hartazgo no nació súbitamente, sino que fue adquiriendo masa y velocidad durante toda la administración, por la concurrencia de una cadena interminable de errores, corrupción incontenible, y una sociedad cuya denuncia fue insuficiente.

Ese antecedente es fundamental para el futuro. La sociedad debe exigir que se cumplan las promesas de campaña (EPN prometió desaparecer la Secretaría de la Función Pública, que todavía está ahí); debe haber tolerancia cero para la corrupción. Las Casas Blancas detonaron indignación pasajera, mientras que la corrupción continuaba y se extendía en los rincones de la vida pública y privada; una verdadera fábrica de complacientes y cómplices.

Los resultados del 1 de julio son una expresión de condena a la administración de EPN, pero también de un anhelo ciudadano de que lo sucedido no se repita, un compromiso implícito para un actuar político responsable y cotidiano.

 

 

 

 

 

 

 

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