Deber cumplido, hoy México es mejor

José González Morfín

El día de ayer cerramos los trabajos de la Comisión Permanente del Congreso, con lo cual también concluimos prácticamente las actividades de la LXI Legislatura del Senado. Fueron seis años de intensa labor, de desafíos, pero también de satisfacciones plenas.

Contra los negros augurios, al final del día podemos afirmar que durante estos años —que comprendieron la LX y LXI Legislaturas— el Senado se consolidó como un espacio de diálogo y acuerdos en favor del bienestar de México, más allá de los signos partidistas y de las diferencias, con la clara convicción republicana de que cuando hay altura de miras la pluralidad es fortaleza, no debilidad.

Esta convicción de cada una de las legisladoras y legisladores que integramos esta honorable soberanía permitió aprobar trascendentales reformas hasta hace poco impensables. Tuvimos la capacidad de dialogar y lograr los consensos necesarios para legislar en favor del bien común.

Ahora nuestro país cuenta con reformas y leyes que lo hacen más fuerte, más democrático, más digno, ordenado y estable, acorde con los principios del desarrollo humanista. Contamos con nuevas reglas electorales que acercan la política a los ciudadanos; con cambios en materia financiera y económica que conjuraron colapsos y también dan mayor impulso a nuestro desarrollo; la modernización de Pemex es un claro ejemplo.

Igualmente dimos grandes pasos en la defensa y protección de los derechos humanos, en especial de los grupos sociales más vulnerables como los migrantes y las víctimas de la violencia. En el rubro de seguridad, aprobamos leyes y reformas que dan más y mejores instrumentos a nuestras autoridades para cumplir con su deber de proteger a las familias mexicanas. En suma, hoy México es mejor y está en camino de forjar un futuro más promisorio para todos debido a que cuenta con un renovado marco institucional que le permite enfrentar y superar los desafíos que vive.

A la satisfacción del deber cumplido sigue inevitablemente la reflexión, el balance de lo hecho y de lo que falta por hacer. Primera reflexión, no tengo la menor duda de que este fue un Senado  reformador. Por encima de las posiciones irreductibles, de los momentos complicados en los que predominaron las pasiones y se polarizaron las diferencias, las senadoras y los senadores tuvimos la capacidad de llegar a consensos y, sobre todo, mantuvimos nuestro compromiso con los mexicanos y con el país, con su transformación y desarrollo. Unidos sacamos al Legislativo del inmovilismo y aprobamos reformas trascendentales que han puesto al país en marcha; tal transformación democrática lejos de detenerse debe profundizarse.

Segunda, el Poder Legislativo debe y puede hacer más. Aún son muchos los pendientes, varios urgentes, por los que México no debe esperar más. Si este mismo espíritu de negociación y diálogo franco y abierto prevalece en el Congreso, podremos ofrecer buenos acuerdos y reformas a los mexicanos.

Tercera, tengo la certeza de que para cada uno de los legisladores del PAN que estaremos en la siguiente legislatura está claro que los tiempos de las reformas no son los tiempos políticos o electorales. El tiempo para las reformas lo marca la imperiosa necesidad de seguir la transformación del país en sintonía con las demandas y esperanzas de los mexicanos.

Acción Nacional no va a meter el freno a la transformación democrática iniciada durante estos años, por el contrario, vamos a trabajar desde el primer día del periodo ordinario de sesiones para acelerar el cambio, no prolongar discusiones y aprobar las reformas pendientes. No daremos espacio a la ruindad, el chantaje o la simple dilación en espera de vientos partidistas favorables. Que no quepa duda, el PAN va por más democracia, transparencia, seguridad y desarrollo en todo el territorio nacional.
 

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