De nuevo a clases

Cada ciclo, un nuevo bloque de vehículos se suma al parque vehicular y nos lo hace saber con argumentos claros y contundentes, alejándonos de aquella ciudad tranquila que fue y que ya no será.
22/08/2018
08:19
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Esta semana inició el nuevo ciclo escolar en la mayoría de los planteles de educación en todo México  y particularmente en nuestra ciudad capital, junto con su zona conurbada, se siente de golpe el impacto del crecimiento que seguimos viviendo todos los días.

Durante la vacaciones que llegaron a su fin, la relativa disminución de movilidad nos brindó algunos pequeños respiros y momentos, donde tuvimos la oportunidad de disfrutar un poco más del entorno que antaño se mostraba con mayor armonía y claridad, sin tanta efervescencia como ocurre hoy día.

Adicionalmente a lo que implica para las familias hacer frente a los requerimientos del inicio de clases relativo a útiles escolares, uniformes, colegiaturas, etcétera, va siempre acompañado de la enorme y maravillosa ilusión de ver formar y preparar mejor a nuestros hijos para encarar el incierto porvenir y a la cada vez mayor competencia laboral en un mundo globalizado, donde la tecnología, con su propio ritmo, va marcando novedosas pautas que condicionan las carreras técnicas y profesionales, tanto las tradicionales como las de actualidad. Así, vemos en el inicio de la temporada escolar cómo los padres llevan a sus  pequeños a su primer contacto con la escuela con esos sentimientos encontrados, mientras la gran mayoría, con más años de hacerlo, tratan de llegar con puntualidad, enfrentando un mar con cardúmenes de vehículos que pelean los espacios como si enfrentaran una guerra que finalmente ninguno ganará.

Cada ciclo, un nuevo bloque de vehículos se suma al parque vehicular y nos lo hace saber con argumentos claros y contundentes, alejándonos de aquella ciudad tranquila que fue y que ya no será. Es entonces que tan solo podemos rescatarla en las añoranzas y recuerdos de cuando nosotros fuimos aquellos pequeños que acudimos por primera vez a la escuela. Recuerdo la calle de Allende Sur, a un par de cuadras de la que fue mi casa paterna, el jardín de niños Rosita S. De Chanes, que fue la primera escuela con la que tuve contacto en la primera mitad de la década de los años 60, cuando nos mandaban con un suéter de estambre tejido, los shorts blancos y un peinado con jalea a prueba de todo, que sobrevivía a lo largo de la mañana y hasta el regreso a casa para sucumbir en la siesta que  venía después de aquellas jornadas. 

Recorría de ida y venida ese par de cuadras que ofrecían la oportunidad de disfrutar, a la salida de la escuela, unos tacos de canasta, cuyo sabor y aroma se me prendió con mayor facilidad que las primeras letras. Pasar por esos pequeños puestos que vendían golosinas para los niños y cigarros para los mayores, debidamente instalados en las esquinas de las calles, daban un colorido especial al entorno urbano y con la amabilidad del propietario que pacientemente esperaba realizar las ventas para buscar el sustento diario.

La ciudad se abría por primera vez compartiendo colores, olores y sabores que hasta la fecha me hacen sonreír cuando menos lo espero. Anhelo que  los niños que van por primera vez a la escuela en esta temporada, puedan descubrir algunas de esas tantas cosas que al tiempo son verdaderos tesoros.

Acotación al margen. Hablando de tesoros, el lunes partió mi hermana Araceli, a quien le tuve y le tengo un amor muy particular, lleno de gratitud y de cariño por todo lo que ella nos brindó a lo largo de su vida, donde el amor y el dolor estuvieron presentes con ella al parejo, pero siempre tuvo la palabra, el gesto, la sonrisa y la mirada precisa para darnos caramelos de felicidad a los demás. Un abrazo y mi solidaridad a toda mi familia, en este Querétaro nuevo que deseamos conservar.

Twitter: @GerardoProal

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