De la violencia a la complacencia

06/10/2019
10:45
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El 26 y 28 de septiembre, así como el 2 de octubre del año en curso, se llevaron a cabo protestas en todo el país bajo las siguientes consignas: exigencia de aparición con vida de los normalistas de la Escuela Normal de Ayotzinapa; Día de acción Global por acceso al Aborto Legal y Seguro; y conmemoración del 51 aniversario del Movimiento Estudiantil de 1968, respectivamente.

En la capital del país, pudimos observar que los actos vandálicos, fueron la constante, mientras que en nuestro estado, las protestas se desarrollaron de forma pacífica y sin daños en propiedad privada ni en edificios públicos. En la CDMX pese a que hubo elementos policiacos lesionados, no hay detenidos. En Querétaro el saldo fue blanco.

Frente a los hechos sociopolíticos citados, la posición de esta columna es en apoyo a las legítimas demandas de los tres movimientos; sin embargo, es importante diferenciar que la presencia de grupos encapuchados ha sido una situación de la cual se han desmarcado los organizadores de las movilizaciones, no sin antes haber pagado un costo político ante la opinión pública nacional, en demerito tanto de las consignas, como de la forma de expresión de las mismas.

En tal contexto, el reproche más que para los manifestantes debiera ser para las autoridades estatales, que se han pasmado frente a las provocaciones de los grupos subversivos —no sabemos si genuinos o inducidos— pero en la realidad, lo único que nos consta, es la impunidad que, deviene en desprestigio de la autoridad misma, quien no hace valer el estado de derecho.

Por lo anterior, el mensaje que mandan los distintos gobiernos es incorrecto, pues estamos en presencia de un ejercicio del poder ineficaz que, en democracia no ha sabido anticiparse a los riesgos que implican ciertos problemas de gobernabilidad. De ahí que, resulten tan importantes los aparatos de inteligencia de los que dispone el estado para atender oportunamente las exigencias ciudadanas en contextos democráticos.

Tal parece que en esta coyuntura de cambio político, la inteligencia civil del estado mexicano brilla por su ausencia. ¿Qué está haciendo el Centro Nacional de Inteligencia? Nunca lo hemos sabido y ahora mucho menos. ¿Es enserio que los cinturones de paz son la brillante idea para hacer frente a los agitadores? El estado debe ser firme en su actuar, y ello no implica violentar los derechos humanos, simplemente se debe dejar en claro que la violencia no encontrará complacencia.

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