De la forma del agua

Josué Quino

Abuelito, me dijiste que todas las películas con tema gay terminan mal. Y esta no terminó mal.

 -Abuelito, me dijiste que todas las películas con tema gay terminan mal. Y esta no terminó mal.

—Dije: todas las películas serias con temas gay, terminan mal. Las que toman el tema burlonamente, siempre terminan bien. ¿En verdad crees que Llámame por tu nombre termina  feliz?

—¡Pues sí! El señor se va a casar con su novia y el chavo va a volver con su amiguita. Hubiera sido un final triste si los dos se quedan solos ¡o alguno se muere!

—Pues desde ese punto de vista, tienes razón. 

La película plantea que ser bisexual en la época de los 80’s estaba de moda. Antes de que satanizaran a los bisexuales, quienes por su afán lujurioso, llevaron del círculo homosexual al círculo heterosexual, el SIDA.

—¿En realidad así fue, abuelito?

—¡Claro que no! Ya te dije que yo amé a tu abuelita tanto como al que fue nuestra otra pareja. Los tres nos amábamos y fuimos muy felices. Hasta que la muerte nos separó. Llámame… me parece tan gloriosa como para ganar el Oscar como mejor película. Además de que el año pasado ya le dieron el Oscar a otra película gay.

—Entonces, ¿te gustó más La forma del agua?

—No es que me haya gustado más o no, hijo. Es padre, tierna, no baja el ritmo. Tiene de todo y en la justa proporción, y me encantaría que ganara algunos de los 13 Oscar para los que está nominada, simplemente porque, a diferencia de los otros mexicanos ganadores que sólo han hablado en inglés, Guillermo del Toro ha hecho gran parte de sus declaraciones en español, y en una entrevista en particular, de manera orgullosa y sin pretender ser políticamente correcto, respondió al por qué era tan chido, con un simple: “Soy mexicano”.

—¿Tú no eres mexicano, o qué? 

—En primera siento que abusó de las escenas sexuales. Aunque amé la escena del baño. Vi coqueteos con diversas películas clásicas, desde Casablanca, hasta algunas del Santo, el enmascarado de plata, pasando por El monstruo de la laguna verde o el mismo Rocky, hasta llegar a esas donde la neblina nocturna inunda el puente sobre el río, creando un ambiente de angustia y desesperación, que te pone los pelos de punta, sin embargo…

—Sin embargo, ¿qué?

—La verdadera forma del agua, la vimos en Llámame por tu nombre.

—Abuelito, estás mezclando las películas…

—Mira, cuando llegan los personajes principales de Llámame… a una casa vieja, como un museo o algo así, en la entrada estaba una señora limpiando algo para la comida, ¿recuerdas lo que le piden? 

—Agua.

—Agua. La señora entra y vuelve con un par de vasos con agua y se los da, ellos la beben y siguen su camino en las bicicletas. Ahí vimos cómo era la forma del agua.

—Sigo sin entender…

—A principios de los 60’s, yo vivía en el puerto de Veracruz en un callejón, muy angosto para circular autos, y muy ancho para transitar los lecheros en sus caballos con sus peroles, repartiendo diariamente leche bronca, recién ordeñada de las vacas. 

—¿En serio?

—También pasaban los pescadores con sus montones de pescados brincando todavía. Era tanto el calor que llegaban señores desconocidos, muy morenos, sudorosos, que vestían pantalones rotos y sin camisas, pero de miradas limpias, a pedirle por favor a mi mamá que les regalara agua. Ella se las servía fresca, pura y cristalina, salida directamente de la llave del fregadero de la cocina, en los mismos enormes vasos de vidrio transparente en los que nosotros tomábamos cotidianamente. 

—¿No les daba miedo?

—No, porque eran tiempos en que la gente confiaba en la gente. Eran tiempos en que, en el mundo entero, la forma que tenía el agua, era el amor.

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