De grande quiero ser narco

Guillermo Tamborrel

Hace tan solo una o dos generaciones los menores de edad aspiraban a ser doctores, ingenieros, abogados o contadores. Alcanzar un título universitario era la garantía de un buen empleo con un ingreso económico más que aceptable, era en pocas palabras, la certeza de que viviríamos cómodamente. Era también el pasaporte para la aceptación y hasta la distinción social. Un título universitario lo era todo. Por ello nuestros padres nos impulsaban de una y mil maneras a estudiar, a prepararnos. Inclusive muchos de ellos hicieron grandes sacrificios para ofrecernos la oportunidad de estudiar y alcanzar tan codiciada meta.

Hoy las cosas han cambiado, hoy hay miles y miles de niños y jovencitos que aspiran a ser narcos cuando sean grandes. Hoy pareciera que el modelo de éxito y la garantía de una vida mejor se encuentra en ser un narcotraficante. Hoy las aspiraciones ya no son las de formar una familia y vivir dignamente, hoy el éxito y reconocimiento social se miden distinto. Hoy pareciera que la sociedad les dice a esos menores de edad que el “ganador” es aquel que tiene más dinero y que no importa cómo lo logre. Hoy hay quienes aspiran a ser políticos para “robar sin temor de ir a la cárcel”. Hoy para otros muchos menores la imagen del hombre exitoso, es el que manda con una pistola al cinto, el que porta como quien carga un instrumento de trabajo, un cuerno de chivo, el que tiene el auto deportivo y el que se rodea “de las viejas más buenas” aunque sea solo por un corto periodo de tiempo.

Tristemente ese es el mensaje que como sociedad enviamos a esos menores de diversas maneras. Lo hacemos mediante series de televisión, que por cierto cada día son más (ejemplos: El Señor de los Cielos, La Reina del Sur, Pablo Escobar el Patrón del Mal, Narco y muchas más), donde mostramos como héroes a los capos del narcotráfico. Las series están hechas de tal manera que hasta provocan que el criminal “nos caiga bien”, le tomemos simpatía y celebremos cuando escapa de la policía o logra traficar un lote de “merca”. Otra forma y que por cierto es muy popular, es a partir de los llamados narcocorridos, canciones en las que se plasma al narco como un hombre bueno y exitoso. Lo anterior hasta convertirlo en un auténtico ídolo al que muchos menores de edad quieren imitar. Es precisamente esa aspiración la que lleva a muchos menores de edad a convertirse en narcomenudistas. Aspiración que los lleva a enganchar en el consumo de drogas ilegales a los amigos y conocidos para convertirlos en clientes y con ello “mover más merca”, ganar más “plata” y ascender en la estructura del narco.

Por lo anterior diversas autoridades y en distintos momentos han intentado acabar con la transmisión de dichas series así como con la producción, reproducción y comercialización de los narcocorridos. En algunas ocasiones lo han logrado, en otras los intereses económicos disfrazados o escudados en derechos humanos como la libertad de expresión lo han impedido. Si, así como se lee, los intereses económicos, en ocasiones la pasividad gubernamental y en otras ocasiones pseudo expertos defensores de los derechos humanos están permitiendo y fomentando la construcción de una cultura que bien pudiésemos llamar anticultura o cultura destructiva y cuyo costo en todos los sentidos es y será altísimo.

Fuente de los Deseos: Ojalá despertemos como sociedad y hagamos ver a nuestros menores de edad que para ser exitoso y reconocido no se necesita dañar a los demás.

Ciudadano comprometido. @TAMBORRELmx [email protected]

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