Contaminación del mundo virtual

Gerardo Romero Altamirano

A menudo resulta interesante hacer analogías de lo que pasa en el mundo material con lo que pasa en el mundo virtual; hacer comparaciones y tratar de ver las diferencias y los parecidos que existen y los fenómenos que han ocurrido en alguno de ellos que aún no se reflejan en el otro.

En ambos mundos se pueden hacer relaciones, conocer gente, recrearse, incluso se puede generar una “vida virtual” a través de un perfil de alguna red social que después de varios años se puede mirar en retrospectiva con la sensación que provoca el observar el ciclo de la vida misma: nacer, crecer, reproducirse y morir. Si combinamos los perfiles de Twitter, LinkedIn, YouTube, Facebook, Instagram y demás comunidades de una misma persona, prácticamente podríamos hacer una descripción vasta de la misma.

Una de las tendencias que ocurrieron en las últimas décadas del siglo pasado fue la de concientizarnos como sociedad sobre la contaminación excesiva que estamos provocando y los daños al planeta que en muchas ocasiones son irreversibles. De hecho se originó el término de “Desarrollo Sustentable” a raíz de que la ONU observó este y otros procesos de descomposición global en la Tierra. Proliferaron los grupos de ecologistas, se volvió retrógrada desperdiciar agua y empezamos a separar la basura entre muchas otras acciones para mitigar el impacto de nuestra existencia en el planeta.

La pregunta obligada resulta ser entonces: ¿qué parecido podríamos encontrar en el mundo virtual que hiciera insostenible su funcionamiento tal como lo conocemos en la actualidad? ¿Qué impacto estamos provocando inconscientemente que haga más difícil a las generaciones futuras vivir en la web? Seguro encontraremos más de una respuesta, pero en el ánimo de seguir con la comparativa entre ambos universos y obedeciendo a las tendencias que estamos observando, queda claro que la basura ya comienza a contaminar la web.

Haciendo un esfuerzo por explicar más a detalle lo anterior es importante contextualizar que hoy en día muchos acudimos a la red como fuente primaria de información de diversa índole; información que hallamos de orígenes muy variados, en cantidades mayores a la que encontraríamos en bibliotecas y/o hemerotecas, en un tiempo infinitamente inferior. Pero cada vez es más frecuente encontrar “información basura” de fuentes poco profesionales que opinan sobre cualquier tema o incluso de portales que haciendo gala del humor y el cinismo distorsionan las noticias para provocar simpatías entre los internautas.

Lo que ocurre con los primeros es que se convierten en una “fuente” que los alumnos citan en sus trabajos y los profesionistas analizan dándoles la seriedad que amerita un experto del tema, aún y cuando en algunos casos no sepamos el origen, la experiencia o el currículo del autor. Y ocurren situaciones más complejas con los distorsionadores de la noticia que publican versiones deformadas de la realidad seguramente con la buena intención de hacer reír a sus lectores, pero que una vez mezclada su información en el mar del Internet, los pueden confundir o desinformar, pues un lector no asimila la broma y la comenta con otras personas como si se tratara de la verdad.

Y así, cada vez hay más perfiles falsos en las redes, estudios no científicos que alguien quiso subir, noticias deformadas, memes, fotografías editadas, trabajos escolares y miles de millones de datos que no constituyen una fuente fidedigna de información y sin embargo la usamos como tal. Esa es la basura que de seguir su curso, hará que las futuras generaciones batallen por conseguir información poderosa, valiosa y veraz del tema que investigan. ¿Quién se va a encargar de “bajarla” de la red?, ¿quién se ofrecerá para “clasificarla”?, ¿cómo la podemos reusar, reducir o reciclar?, ¿qué daños está provocando que no hayamos entendido aún?

Todas estas son cuestiones que para muchos serán banales y vulgares porque habitan más en el mundo real y físico como lo conocemos ahora… pero cada nueva generación se zambulle más en el otro mundo: el de la web, el de lo virtual; ese que para algunos ya es más cotidiano, más cómodo y más habitable. 

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