25 / septiembre / 2021 | 05:24 hrs.

Compositores románticos: Héctor Berlioz

Francisco González de Cossío

En nuestras anteriores entregas hablamos de los compositores románticos Carl Maria Von Weber y Robert Schumann; continuamos ahora con la obra de otro gran romántico: Héctor Berlioz.

Louis Héctor Berlioz nació en La Côte-Saint-André, Francia, en 1803 y falleció en París, en 1869. Fue otro gran maestro del romanticismo, gran orquestador y la influencia de su música se dejó sentir a lo largo del Siglo XX. Su padre que era médico lo mandó a París a estudiar medicina, pero la cirugía lo horrorizó por lo que se inscribió en el Conservatorio de París, donde estudió composición y ópera. Siendo estudiante se identificó rápidamente con el movimiento romántico francés. Entre sus amigos se encontraban los escritores Alejandro Dumas, Víctor Hugo y Honoré de Balzac, quienes influyeron mucho en su formación.

Berlioz no destacó como intérprete de instrumento alguno, por lo que hizo de la orquesta el suyo propio. Sus obras rebasaban los límites de las formas orquestales del momento con la incorporación de elementos innovadores, como en su sinfonía coral para ópera Romeo y Julieta, y el concierto sinfónico Harold en Italia. De hecho, Berlioz fue el primer gran compositor que no era intérprete, por lo que se convirtió en uno de los primeros directores modernos. No temía usar formas novedosas y atrevidas de un colorido sutil pero también resplandeciente. Él mismo escribió en sus memorias “las características que rigen mi música son la expresión apasionada, el ardor intenso, la animación rítmica y los giros inesperados”.

Su obra más conocida es la Sinfonía fantástica, estrenada en 1830, compuesta de 5 movimientos, de carácter bucólico y escénico. Realmente fantástica sinfonía en la que retrata musicalmente a la actriz irlandesa shakesperiana Harriet Smithson, de quien se enamoró perdidamente a los 23 años, y con quién, a pesar del rechazo inicial, estuvo casado 9 catastróficos años. Esta sinfonía ha sido copiosamente grabada por los grandes maestros y las mejores orquestas del mundo; por citar solo una: la Orquesta Sinfónica de Chicago con Claudio Abbado. Ésta es la versión que recomendamos. Su obra maestra es la ópera Los Troyanos, basada en la obra magna de Virgilio: la Eneida. Compuso también una Gran Música de los Muertos o Réquiem, monumental obra con 12 cornos, 16 timbales y 4 conjuntos de metales, que sumergen al escucha en el drama de la muerte. Encargada por el gobierno francés, fue estrenada en Les Invalides en París en 1837. Mención especial merece La condenación de Fausto, obra para orquesta, voces y coro, a la que Berlioz llamaba ‘légende dramatique’, a partir de la obra de Goethe: Fausto.

Compuso además obras orquestales basadas en poemas de Théophile Gautier, como Las noches de verano, de orquestación exquisitamente timbrada que allanó el camino a obras similares de Richard Strauss y Gustav Mahler; La muerte de Cleopatra sobre un poema de P.A. Vieillard; y su himno ceremonial de acción de gracias Te Deum, obra de 6 movimientos corales, incluyendo un coro infantil y 2 movimientos instrumentales.

Berlioz imitaba a Beethoven, en aquel tiempo desconocido en Francia y mostró admiración por la obra de Gluck, Mozart, y Carl Maria von Weber. Es conocido en su país natal y en toda Europa por el arreglo orquestal que le hizo al ‘Himno de los Marselleses’, poesía y música de Claude-Joseph Rouget de Lisle, que se convirtió en el himno oficial francés La Marsellesa.

Está enterrado en el cementerio de Montmartre con sus dos esposas, Harriet Smithson y Marie Recio.

*Diplomático queretano; diletante de la música clásica.

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