¡Cómo no te voy a querer!

Dr. Raúl G. Paredes Guerrero

Amigos lectores, en nuestra columna anterior les platicamos cómo la química cerebral nos puede ayudar a entender por qué hay razones del corazón que la razón no logra entender. Explicamos que el neurotransmisor (sustancia que comunica nuestras neuronas) dopamina es un activador general del sistema nervioso que se libera en diferentes situaciones incluyendo, por ejemplo, cuando conocemos a alguien que nos puede resultar atractivo. Por otro lado, los opioides están involucrados en la generación de estados placenteros por reforzadores naturales como pueden ser el comer, el tomar agua, el sexo y el amor. Otro neurotransmisor que es muy importante en las emociones es la oxitocina. La primera función descrita para la oxitocina fue su participación en las contracciones que se producen en la mujer durante el parto y en la inducción de la lactancia. Posteriormente, se demostró que también funciona como neurotransmisor en diferentes regiones cerebrales. 

Dentro de las funciones que tiene la oxitocina como neurotransmisor está el que se le ha involucrado con el apego, lo que algunos han simplificado como la hormona del amor. Los primeros estudios se realizaron en un roedor, el Microtus pennsylvanicus (Meadow Vole). Estos animales, que en español se conocen como topillos, tienen su hábitat en América del Norte -principalmente en Estados Unidos- y como la mayoría de los roedores son promiscuos ya que un macho puede copular con varias hembras, así como una hembra puede copular con varios machos y ambos tener varias parejas e hijos de diferentes parejas a lo largo de la vida. 

Una especie muy cercana, prácticamente sus primos, los Microtus ochrogaste (Prairie Vole) se reproducen de forma totalmente distinta, ya que prácticamente tienen una sola pareja a lo largo de su vida. Basta con que un macho y una hembra de esta especie cohabiten por seis horas para que se forme un vínculo permanente. Aún después de la muerte de uno de los miembros de la pareja, en muy pocos casos el que sobrevive vuelve a establecer un nuevo vínculo. 

Pero, ¿acaso podemos encontrar una explicación biológica a las diferentes estrategias reproductivas y sociales de dos especies altamente relacionadas?, ¿pueden éstas ser las bases de la monogamia y/o la poligamia? Pues resulta que a diferencia de los topillos que son polígamos, los monógamos tienen altas concentraciones de oxitocina en diferentes regiones cerebrales pero principalmente en el hipotálamo, que controla diferentes funciones reproductivas. 

Como ya explicamos, si ponemos juntos por seis horas a un macho y una hembra de los topillos Microtus ochrogaste (Prairie Vole) formaran un vínculo permanente. Sin embargo, si antes de poner juntos al macho y a la hembra se le inyecta a la hembra un antagonista de oxitocina, es decir una sustancia que bloquea los efectos de este neurotransmisor, se bloqueará la formación del vínculo; pero si se inyecta oxitocina, el vínculo se formará más fácilmente. También se han realizado estudios en humanos donde se evalúa bajo diferentes condiciones experimentales, la confianza de los sujetos en los otros. Mientras que los sujetos que reciben una dosis de placebo no modifican su conducta, aquellos a los que se les administra oxitocina intranasal muestran una mayor confianza en los demás. 

Evidentemente sería muy simplista suponer que una mayor cantidad de oxitocina es suficiente para explicar algo tan complejo como la monogamia o la poligamia, sobre todo cuando los ejemplos en la naturaleza son tan diversos. La mayoría de las especies animales tienen varias parejas a lo largo de la vida y proporcionalmente son menores las monógamas. También es evidente que en algunas especies monógamas, el cuidado de las crías es una parte fundamental donde ambos padres invierten gran cantidad de tiempo, como en el caso de los pingüinos emperador. De cualquier manera, es claro que los neurotransmisores son fundamentales en las emociones. Así la dopamina es un activador general del sistema, los opioides están involucrados en los reforzadores naturales y la oxitocina en el apego. 

Si imaginamos las emociones que genera un parto en las madres, asociados al aumento de oxictocina que induce contracciones y eventualmente favorece la lactancia, podemos entender por qué el vínculo que se genera entre la madre y su hijo es tan fuerte. Lo mismo ocurre cuando el bebé toma por primera vez el dedo del padre, se forma un vínculo que dura para siempre, al menos en la mayoría de los casos. Es claro entonces que la química cerebral contribuye de manera fundamental para decir “cómo no te voy a querer”, como se escucha en los diferentes estadios donde juega el equipo de futbol de los Pumas.

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