Chertorivski y Sheinbaum: camino empedrado

Roberto Rock L.

Chertorivski verá cómo se anegan sus posibilidades ante rencillas internas, y perderá. Sheinbaum tendría una victoria, pero no aportará a AMLO votos suficientes para su causa

Miguel Ángel Mancera y la coalición PRD-PAN-MC, que él comanda en la ciudad de México, han enviado indicios de que se inclinarán por Salomón Chertorivski como candidato a la jefatura de Gobierno. Salvo una sorpresa de último momento, será la apuesta por un rostro nuevo en búsqueda de la sobrevivencia de una clase política que exhibe un desgaste extremo tras 20 años en el poder.

Chertorivski, virtualmente un recién llegado al tortuoso entorno perredista, es a las claras y por ahora, menos conocido que su adversaria interna más visible, Alejandra Barrales, quien sin embargo encarna el deterioro político de la ciudad y arrastra también un alto posicionamiento negativo tanto personal como de su partido y del gobierno local.

Las perspectivas de Chertorivski como un abanderado ciudadano, con trayectoria limpia, experiencia en el servicio público y una base de simpatizantes más ideológicamente diversa, pueden sin embargo resultar engullidas por las miserias de la vida política capitalina, dominada por cacicazgos regionales, corrupción cabalgante, violencia física contra adversarios y crecientes señales de ligas entre personajes públicos y bandas del crimen organizado.

El avance de este aspirante ha estado marcado desde que llegó a la administración Mancera, hace cinco años, por un incesante “fuego amigo” que ha tenido como autores intelectuales lo mismo a Héctor Serrano, operador clave gubernamental, como a líderes identificados en el PRD y en la Asamblea de la ciudad.

Pero Chertorivski no está solo en esos predicamentos, pues basta con mirar hacia la otra acera para identificar el suelo empedrado por el que busca avanzar Claudia Sheinbaum, la virtual candidata de Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador.

Si bien hasta ahora marcha con una cómoda ventaja hacia las elecciones de julio próximo, la señora Sheinbaum se halla cercada por un hermético grupo de colaboradores identificados con Andrés Andy Manuel López Beltrán, hijo del dirigente tabasqueño y quien tiene encomendada el manejo de las decisiones en la ciudad, lo que en ocasiones se extiende a otros temas centrales en la vida de Morena.

En este espacio se ha abordado el caso de Víctor Hugo Romo, inminente aspirante a gobernar lo que será la alcaldía de Miguel Hidalgo, promovido por Andrés Manuel hijo en contra de la opinión de la candidata al gobierno de la ciudad, quien había buscado una alianza con un sector del panismo por la vía de la actual titular de esa demarcación, Xóchitl Gálvez, rival acérrima de Romo.

Por la ruta que al parecer les ha sido definida hasta ahora, tanto Chertorivski como Sheinbaum podrían acabar en un escenario de desastre. El primero asumirá muy probablemente la candidatura y seguramente se lanzará con ánimo pleno a la brega, pero verá cómo se anegan sus posibilidades ante las rencillas internas, y perderá. La segunda podría alcanzar una victoria apretada, pero no aportará a la causa presidencial de López Obrador el número de votos necesarios para ser competitivo en el conjunto de la República.

El equipo del por tercera vez aspirante presidencial ha dejado saber en reuniones de estrategia que cuenta con que la capital aporte al menos 3 millones de sufragios, incluso sin necesidad de que López Obrador consuma tiempo y recursos de su campaña en la ciudad, para consolidar en cambio el avance logrado en otras entidades con gran peso en el padrón (Veracruz, Estado de México y Puebla) o donde Morena exhibe un crecimiento notable, como el centro y el norte de la República.

Tres millones de votos en la capital fue lo conquistado en 2012 por Miguel Ángel Mancera, que arrasó con 63% del total de las boletas emitidas como producto de una compleja operación diseñada por Marcelo Ebrard, quien a la postre probó en carne propia el dicho aquel de “nadie sabe para quién trabaja”, pues desde hace años mantiene una sorda pugna política con su sucesor.

A nadie debe sorprender entonces, que en este contexto López Obrador haya convocado a Ebrard Casaubón y al presidente de Morena en la ciudad, Martín Batres, para que trabajen en el reflotamiento de la campaña de la señora Sheinbaum. El peligro es que un Andrés Manuel López (Obrador) teja algo por la mañana que por la noche desteja otro Andrés Manuel López (Beltrán).

Lo mismo podrá argumentarse de la eventual campaña de Salomón Chertorivski, si se concretan los indicios que apuntan a que en los próximos días será definido como candidato. El respaldo tibio de Miguel Ángel Mancera no bastará para lanzarlo a nadar en un océano político con el mayor índice de tiburones por metro cuadrado.

En ambos casos se requerirá una ruptura con intereses enquistados. Si no lo entienden así los actores centrales de esta historia, Mancera y López Obrador, podrían estar incurriendo en el peor error político de su vida.

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