16 / septiembre / 2021 | 19:34 hrs.

Caso Korenfeld: todo mal

Gerardo Esquivel

Finalmente ayer renunció a su cargo David Korenfeld, ex titular de CONAGUA. La exigencia ciudadana y la presión social y mediática estaban escalando rápidamente para que renunciara o fuera despedido e investigado quien, gracias a una fotografía tomada por un vecino suyo, había sido descubierto utilizando un helicóptero oficial para fines privados. Todavía unos días antes de la renuncia, el funcionario intentó engañar a la población con el argumento de una emergencia médica, después trató de escabullir el bulto diciendo que ya había hecho el pago correspondiente al uso de la aeronave (cosa que nunca demostró) y, posteriormente, se anunció el inicio de una investigación por parte de la Secretaría de la Función Pública que incluyó la insinuación de que la infracción cometida, si acaso, no era grave. Nada de esto detuvo la presión social y la exigencia ciudadana. Por el contrario, al confirmarse la información de que el funcionario en realidad había utilizado el helicóptero para viajar al aeropuerto junto con su familia para iniciar sus vacaciones, se atizó la molestia de la ciudadanía.

Contrario a lo que quizá se piensa en las altas esferas gubernamentales, con esto no se termina el affaire Korenfeld. Es falso que el “graderío excitado”, como lo llamó Ciro Gómez Leyva, se contente con él corazón del sacrificado. No, la idea de que la plaza pública sólo demanda sangre y espectáculo es una lectura por demás incorrecta de los tiempos por los que estamos viviendo. La plaza pública lo que demanda es transparencia, rendición de cuentas y fin de la impunidad. No se trata, como algunos creen, de una simple paranoia moral. Es una demanda ciudadana absolutamente válida y perfectamente legítima. No hay nada moral, ni vengativo, ni de envidia en esas demandas. Es la exigencia de la ciudadanía por construir un aparato mínimo de pesos y contrapesos. Por eso mismo la renuncia no basta. Es necesario que la investigación continúe hasta sus últimas consecuencias y que se apliquen las sanciones administrativas y/o penales correspondientes.

En todo caso, lo que más sorprende del affaire Korenfeld es lo que revela del propio Presidente y de su entorno más cercano. A partir de las declaraciones del propio Korenfeld ahora se sabe que él presentó su renuncia desde “el primer momento”. Por ende, si ésta no se había anunciado, se colige que era porque ésta no había sido aceptada. Al parecer, la razón por la que finalmente ésta fue aceptada no fue porque se considerara que Korenfeld había hecho algo mal (si así fuera, habría sido aceptada de inmediato), sino porque ya era insostenible, es decir, la presión había aumentado a tal grado que el costo político de no aceptarla ya estaba siendo demasiado alto. Sorprende, de hecho, que el Presidente no lo hubiera despedido inmediatamente ante la flagrancia en la que había sido descubierto.

Esto sólo puede tener dos posibles explicaciones: por un lado, una falta de autoridad moral del propio Presidente para sancionar a sus subordinados por faltas o infracciones menores de las que él mismo está siendo acusado o, por el otro, un comportamiento estratégico para evitar demandas similares en otros casos equivalentes o más graves que lo afectan a él y a su círculo más cercano. Finalmente, es claro que utilizar un helicóptero oficial en lugar de tomar un taxi al aeropuerto es una infracción mucho menor a la del conflicto de interés que se deriva de vivir en la casa de un contratista del gobierno o la de comprar una casa de campo en condiciones muy ventajosas a ese mismo contratista.

Desde esta perspectiva, todo lo que rodea a este caso está mal, ya sea porque el Presidente y sus asesores consideren como una infracción menor el uso y abuso privado de recursos públicos, ya sea por la posible falta de autoridad moral del Presidente para sancionar este tipo de actos, o bien porque el Presidente y su círculo más cercano están dispuestos a actuar estratégicamente, simplemente para evitar ser juzgados ellos mismos con esa misma vara. Si ése fuera el caso, el Presidente estaría tomando decisiones en función de su propio interés privado y por encima del interés público. Todo mal.

 

Economista

[email protected] @esquivelgerardo

 

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