Carlos Fuentes y la revolución de mayo

Carmen Galindo

Fuentes capta, además, diálogos en la calle o conversaciones con el escritor al que llaman camarada.

En 1968, me habla Fernando Benítez y me dice que Carlos Fuentes quiere que lo entreviste. Vamos, mi hermana Magdalena y yo, a su casa. Cuando trato de preguntarle, me ataja: “Las llamé porque Fernando dice que saben mucho del movimiento estudiantil y quiero saber si ustedes creen que me vayan a aprehender”.

—No, señor Fuentes, los que están en riesgo son los muchachos del Consejo Nacional de Huelga. Usted estaba en Europa, ¿no?

Pasan alrededor de 10 años. Estamos en la revista Punto Crítico, de ex presos del 68 y militantes. Raúl Álvarez Garín le entrega a mi hermana un libro: Los procesos del 68. Pasan un tiempo y Raúl nos entrega una selección del libro anterior, esta vez sólo con las palabras de José Revueltas, Eduardo Valle, El Búho, y del propio Raúl Álvarez Garín. Lo leo y me entero de que se afirma judicialmente que el folleto de Fuentes París, la revolución de mayo es el plan maestro para ¡tirar al gobierno mexicano!

Leí el texto de Fuentes en pleno movimiento estudiantil mexicano, y me sirvió para hablar, en el diario Novedades, del movimiento de acá. Los ejemplares no tienen fecha, pero estoy segura de que ya se había iniciado el movimiento mexicano cuando apareció el texto. No sobra decir que la Revolución de Mayo cumple, en este mes, 50 años.

Se trata de un testimonio polifónico con uno o varios estudiantes. Fuentes capta, además, diálogos en la calle o conversaciones con el escritor al que llaman camarada. En ocasiones no es la polifonía de las voces anónimas y el cronista personaliza, describe la plática de Sartre con los estudiantes o la llegada, y rechazo, que sufre Louis Aragon. Registra el alud de adhesiones de los intelectuales. La unión, organizada de estudiantes, obreros y profesionistas.

Las distintas voces en la síntesis de Fuentes consideran que en Francia no importa tomar el poder, sino tomar las fábricas e ir a la autogestión. Y precisa. La izquierda tradicional se queda corta o da largas, la Federación de Izquierda insiste en la toma del poder. Se requiere un partido revolucionario. La revolución de mayo-junio es la primera etapa; se equipara, por eso, al asalto al cuartel Moncada. Entre las luchas precursoras, Fuentes menciona la Revolución Cubana, el movimiento en contra de la guerra de Vietnam en EU y, por supuesto, la batalla de Argel.

Profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.Integrante del CACEPS–FE

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