Capuchas de vuelta al clóset

Carlos Velázquez

Sin duda el tema que marcó la agenda mediática en estos días ha sido la estrepitosa visita de Santiago Abascal Conde —líder político del partido español Vox— a México, y por ende, la reunión que sostuvo con algunos senadores del grupo parlamentario del PAN, en la cual firmaron una alianza por medio de la llamada “Carta Madrid”, misiva en la que se proponen hacer frente al comunismo y defender la “iberosfera” cualquier cosa que eso signifique.

La lluvia de críticas y sátiras no se hizo esperar, pues la orientación ideológica del partido Vox tiene connotaciones que por sí mismas son reprochables, tales como la xenofobia, racismo, clasismo, homofobia, su rechazo al aborto, así como su negativa a distintas acepciones de la aplicación e interpretación de los derechos humanos; por todo lo anterior, lo mínimo que se merecía era el rechazo que seguimos observando en las redes sociales y distintos medios de comunicación nacionales.

Distintos actores vigentes y ex liderazgos del PAN reprobaron la alianza producto de la reunión. El principal promovente de la reunión, el coordinador de la bancada panista, senador Julen Rementería del Puerto, tuvo que citar a rueda de prensa para aclarar que la invitación fue a título personal y que no representaba las ideas de su partido. De igual modo, se apresuraron a eliminar la publicación de twitter y cesaron de su cargo al encargado de las redes sociales de dicho grupo legislativo, un tal Christian Camacho.

Luego de la hecatombe, varios participantes retratados en la reunión tuvieron que irse deslindando uno a uno y “reafirmar” su convicción democrática y respeto por los derechos humanos. Una de las personas que hizo lo propio, fue la exsenadora Guadalupe Murguía Gutiérrez, quien a partir del 1 de octubre asumirá el cargo de Secretaria de Gobierno en nuestra entidad, motivo por el cual es preocupante que una personalidad de ese calibre haya accedido a posar sonriente al lado de una expresión fascista en pleno siglo XXI. 

En Querétaro se ha hecho mutis sobre el asunto, salvo uno que otro medio y un par de activistas, se han encargado de dar seguimiento al asunto, que no es menor, pues revive ideas que parecían enterradas por los horrores de mediados del siglo XX. En democracia se vale el disenso y la contraposición de ideas, siempre y cuando sean propuestas abocadas por la razón, para que el debate no se vuelva una pelea en una arena sin retorno para la convivencia civil y pacífica. A los suscriptores de la Carta Madrid, los iremos conociendo por sus virtudes o vicios.  

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