Caótica incertidumbre

Jean Meyer

En la China de la dinastía Shang, los especialistas predecían el futuro raspando y examinando huesos. Las cosas han

Investigador del CIDE.

 

 

 

 

 

En la China de la dinastía Shang, los especialistas predecían el futuro raspando y examinando huesos. Las cosas han cambiado, pero la demanda de predicciones sigue: muchos no salen a la calle sin consultar su horóscopo. Y ahora, a poco de nuestras elecciones, los sondeos tienen el mismo papel que la raspa de los huesos, la misma probabilidad de atinar o de fallar.

 

 

 

Con todos los progresos de la geología y de la sismología, no se puede predecir el inevitable temblor. Desde la época de Isaac Newton, matemáticos y físicos se quedan perplejos frente al “problema de N-cuerpos”. Newton descubrió que dos objetos se atraen con una fuerza proporcional a sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de su distancia. Pero cuando más de dos objetos entran en interacción es muy difícil resolver con exactitud las ecuaciones de sus movimientos. Es cuando entra la posibilidad de lo que llaman un “sistema caótico”.

 

 

 

La historia de la humanidad y la historia política a corto plazo entran en esa categoría. Hace 20 años, David A. Meyer y su colega Thad Brown publicaron, en Physical Review Letters, la demostración de que las decisiones colectivas pueden ser “caóticas”; incluso cuando se conocen a todos los participantes y las reglas, las predicciones pueden fallar. Incluso las computadoras se encuentran sometidas a la “caótica incertidumbre”.

 

 

 

Esa incertidumbre provoca la sorpresa cuando ocurre el terremoto geológico, cósmico o político. La sorpresa ciega; la sensación mata la percepción, atonta el entendimiento, que reacciona sin reflexión. Eso nos puede pasar, sea cual sea el resultado de las elecciones. Por eso quiero citar a Adolfo Castañón en la nueva introducción de Recuerdos de Coyoacán. Tránsito de Octavio Paz (UNAM, 2015).

 

 

 

“La historia de México es una historia que todavía podemos considerar en términos de una historia prometida. Nuestra historia está por venir, por empezar. Hemos vivido una suerte de prehistoria [...] y si no hemos vivido una prehistoria, por lo menos estamos viviendo verdaderamente en el principio del principio.”

 

 

 

Dijo hace poco el cineasta Aki Kaurismäki que “nunca hubo tantos sociópatas en el poder. El mundo está en las peores manos posibles, conducido por idiotas. El 90% de la población (del planeta) quiere vivir, plantar su huerto, criar a sus hijos, y no puede. El 10% restante son esos sociópatas que tienen el poder”. Tenemos que rezar para que nuestros futuros dirigentes no entren en la categoría de los sociópatas para que la historia de México pueda empezar para bien.

 

 

 

 

 

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