02 / agosto / 2021 | 07:16 hrs.

Cantinflas o ¡santos desvaríos Batman!

Juan Manuel Badillo

El productor de cine Vidal Cantú dijo en una conferencia de prensa que Cantinflas era como el Batman de los mexicanos. Pensé de inmediato, en Shilinsky el cómico y amigo del llamado Mimo de México como un Robin judío y ruso, en mallitas verdes y antifaz. Imaginé a Cantinflas parado de la Torre Latinoamericana, con su trapito al hombro, esa bufanda raída bailando con el viento cual capa del hombre murciélago.

Miré al cómico divisando la gran ciudad de México, en busca de un maleante, con una mano en la frente, como visor, y la otra apañando el pantalón siempre a medias nalgas.

Pero luego de muchas elucubraciones mentales y de negar la idea de que se expropie a una figura nacional de esa manera, llegué a la conclusión de que el señor Vidal, uno de los productores de la película Cantinflas de Sebastián del Amo, tiene algo de razón.

Si quitamos el asunto de la máscara y la capa; si omitimos el Batimovil, que en este caso tendría que llamarse Cantimovil y ser un camión chimeco; si ignoramos el hecho de que Ciudad Gótica nunca tuvo tantos topes y baches como el DF; y que la batiseñal no se podría ver en el cielo capitalino por la contaminación. Si cerramos los ojos a todo eso entonces sí se podría afirmar que Cantinflas es como el Batman de los mexicanos.

Pero estos dos personajes sólo se parecen en dos cosas: en que Cantinflas, mejor dicho el actor Mario Moreno Reyes, vivió el final de su vida como un millonario aburrido igual que Bruno Díaz (Bruce Wayne para los gringos). Son similares en que, fuera del personaje, fuera de los set, y de la mirada pública, vivieron una verdadera tragedia.

Cantinflas, un personaje que imitó el vestir y el hablar de los mecapaleros de la Merced, de esos personajes reales que ya no existe y de los que podemos ver, en momentos, en los dos borrachitos que aparecen en la película Nosotros los pobres de Ismael Rodríguez.

Está documentado que el cómico mexicano luchó contra los malos, como líder del sindicato de actores y que también tuvo enemigos y detractores, como Jorge Negrete, otro actor que fue líder sindicalista cuando no estaba en las películas, vestido de charro.

Pero de Mario Moreno, el actor, se sabe poco y mal, porque su vida y su verdad se ha diluido entre dimes y diretes entre el hijo adoptivo, Mario Moreno Ivanova, y el sobrino Eduardo Moreno Laparade, en un pleito legal que ha durado años, desde la muerte del comediante, el 20 de abril de 1993.

Se sabe que el actor daba a los pobres, dinero y favores de todo tipo, que la mujer que lo acompañó toda la vida fue Valentina Ivanova y que nunca pudieron tener un hijo, pero adoptaron uno.

El sobrino, Moreno Laparade, asegura que al hijo no lo adoptaron, que lo compraron, que el niño les salió bonito, pero rebelde, mujeriego y parrandero, y que provocó muchos corajes al padre.

Se sabe también que en la vida real, el mimo fue un hombre serio en extremo y fuera del escenario se mostraba duro y que casi nunca sonreía, mucho menos contaba un chiste. Que sus pesar era tan grande como su capacidad de no decir nada diciendo mucho, una habilidad que luego pasó a formar parten de la cultura mexicana con el bonito nombre de cantinflear.

Cantinflas, la película de Sebastián del Amo, se estrena en México, el 18 de septiembre, en más de 800 salas, pero si usted busca en este biopic a Mario Moreno, el actor, no lo va a encontrar. De sus tristezas, sus infidelidades, su hijo, y su soledad, de eso no se habla. La película es sobre el personaje, una historia de ficción inspirada en algunos hechos reales, pero tan fantástica y tan creíble como un cómic de Batman.

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