Campeones del desmadre

Nelson Vargas

Como ya lo he comentado en semanas anteriores, me gustó la actitud de nuestra Selección Mexicana de futbol en el Mundial de Brasil 2014. Nos quedamos con un “mal sabor de boca” porque creíamos que podíamos llegar más lejos, pero creo que la manera en la que se comportó nuestro representativo nacional fue reconocido por muchas personas alrededor del mundo.

Incluso el portal español Marca incluyó a Guillermo Ochoa, Paul Aguilar y Héctor Herrera en el 11 ideal de los jugadores revelación americanos de la Copa por sobresalir en dicho torneo. Varios de nuestros seleccionados aztecas han recibido propuestas del extranjero para ir a clubes importantes, esperamos que varias de ellas se consoliden.

La afición en general fue ejemplar, no escatimó en brindarles apoyo; se gastaron hasta lo que no tenían, dejaron sus trabajos, sus familias, a la novia e incluso vendieron coches y casas para poder ir a vivir la gran experiencia que significa un Mundial. El amor al equipo nacional fue impresionante, en muchos países del mundo nos reconocen por esa manera tan estruendosa de cantar el himno, de echar porras, por ser animosos y porque, a pesar de que hemos sufrido con las derrotas, no perdemos el entusiasmo.

Lo que es lamentable es que la actuación de nuestra selección de futbol y el buen comportamiento de muchos mexicanos, se hayan visto empañados por diversos incidentes como fueron los más de diez actos vergonzosos de los que nuestros compatriotas fueron protagonistas. No tengo duda que por ahí surja alguien diciendo que también personas de otros países hacen lo mismo en este tipo de eventos, y seguramente así sea; pero no tenemos que compararnos con lo peor, sino deberíamos de intentar “copiar” lo bueno que otros hacen, como por ejemplo recoger nuestra basura al término de cada encuentro, como lo hace la afición japonesa.

No es la primera vez que mexicanos dan la “nota roja” en este tipo de eventos internacionales; cómo olvidar cuando uno de los nuestros apagó la Flama Eterna en el Mundial de Francia 1998, o cuando en Corea–Japón 2002 un compatriota accionó la palanca de emergencia del tren bala obligando a hacer alto total a uno de los trenes más veloces del mundo. Penosa también, aquella ocasión en Sudáfrica 2010 en que a un aficionado se le ocurrió poner un sombrero de charro sobre una estatua de Nelson Mandela, lo que el gobierno sudafricano calificó como un “insulto nacional”.

En Brasil 2014 no solamente fue el hecho de que varios de los nuestros hayan “hecho de las suyas”, sino que encima de todo muchos de ellos son personas que tienen algún puesto en el gobierno o hijos de ellos, y que en muchos casos seguramente viajaron al Mundial con dinero del pueblo. ¿Qué habrán pensado estos individuos, que las cosas son como en México y que pueden hacer lo que se les da la gana? ¿Que podrían comportarse como “animales” y que el mundo les iba a aplaudir? ¿Se creyeron inmunes y que con una “mordida” se iba a dejar pasar por alto hechos tan reprobables como los que llevaron a cabo?

Me da coraje pensar que ustedes empañaron lo que en realidad somos los buenos mexicanos, me da rabia pensar que este es el tipo de educación que tenemos y que en otras partes del mundo piensen que somos unos inadaptados que no pensamos y no sabemos comportarnos. Porque lo que cada uno de estos personajes hizo, es la imagen con la que muchos se habrán quedado y cuando hablen de los mexicanos se referirán a nosotros como los que dimos de qué hablar negativamente en un evento que era para divertirse y dar lo mejor de cada uno no solamente como selección, sino como personas.

Lo único que me queda es hacerle ver a todos aquellos que tienen la oportunidad de viajar al extranjero, que nos representan a todos y que las críticas, buenas o malas, no son a su nombre sino al de todo un país; que tengan vergüenza y que no nos exhiban como un pueblo sin valores, sin respeto y, sobretodo, sin educación.

Profesor

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