Boda, lujos y conflictos

Jorge Meléndez Preciado

Esta falta contra la austeridad, la honradez y los principios juaristas no es el único problema del presidente electo.

Ya se sabía de los amoríos de César Yáñez con la empresaria poblana Dulce Silva. También que ella estuvo presa en la entidad angelopolitana debido a compra de terrenos, aunque se aseguraba que el hoy cuestionado, Rafael Moreno Valle, quería perjudicarla. Pero los que conocen la historia de esos enredos, jamás imaginaron que el vocero de Andrés Manuel López Obrador y la muchacha cuya familia tiene una gran empresa de embutidos hicieran una boda a todo lujo en el impresionante templo del Rosario, utilizaran escoltas gubernamentales a su servicio, ofrecieran un banquete para 600 invitados y ella luciera tres vestidos diferentes el día de su casorio.

Menos aún que ambos fueran la portada de la revista Hola, tan acreditada entre panistas y priistas, especialmente en este sexenio, y les dedicaran 16 páginas a quienes deberían, por su militancia o cercanía con Morena, haber sido recatados en grado extremo. Máxime si estarán en París tres semanas, donde podrían haber hecho de las suyas, a menos que los agarraran como a Angélica Rivera en un restaurante de alcurnia.

En las benditas redes sociales, como definió López Obrador, hay críticas a quien fue vocero mucho tiempo de Andrés Manuel, quien era de difícil acceso para gestionar entrevistas con su jefe. Pero también hay extrañamientos de periodistas diversos a ese tipo de celebraciones que son parte del boato, la falta de escrúpulos y la ostentación sin límites. Máxime en la estrafalaria publicación del corazón, donde el tufo franquista no se quita a través de los años sino ha ido acrecentándose.

Rafael Barajas, El Fisgón, dice: “yo no había captado la magnitud del dislate y la frivolidad hasta que vi la portada de Hola”. El monero Hernández anota: “Esta portada resume justamente por lo que votamos en contra el 1 de julio”. Y Hernán Gómez, un defensor de AMLO, señala: “creo que es un acto que incomoda y no debería repetirse” (entrevistas con Jenaro Villamil, en Proceso, número 2188).

En el programa El Chamuco (TV UNAM, 7 de octubre), entrevistado por Helguera y Hernández, el mismo Villamil mencionó: “César abolla la Cuarta Transformación. La portada es la secuela del modelo de propaganda de Enrique Peña Nieto”.

Para el caricaturista Rocha (La Jornada, 9 de octubre), el sonriente Yáñez espeta: “ya somos parte de la élite del poder.”

Si todos ellos apoyaron al lopezobradorismo, imagínese lo que dicen sus críticos.

En el acto y como testigo matrimonial, estuvo el gobernador Antonio Gali. Los poblanos señalan que hay un distanciamiento de éste con Rafael Moreno Valle, pues Morena ganó la alcaldía de Puebla y tiene mayoría en el congreso local, independientemente que está en tribunales la elección para gobernador entre Martha Erika Alonso de Moreno Valle y Miguel Barbosa.

Pero esta falta contra la austeridad, la honradez y los principios juaristas no es el único problema del presidente electo. Hay asuntos inquietantes que deberá resolver pronto.

Uno fue la suspensión por parte de Alfonso Durazo de los Foros a donde acuden los martirizados por la violencia, los cuales después fueron reivindicados por Olga Sánchez Cordero. Y para sumarle al asunto, Alejandro Encinas ya dejó el Congreso de la CDMX para sumarse a sus tareas como próximo subsecretario de Gobernación en Derechos Humanos.

Otro es la pugna en la cámara de Diputados entre Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado por el encargado de comunicación, quien opera millones de pesos. Y también, hay una disputa cada vez más seria y profunda entre Martí Batres y Ricardo Monreal en el Senado.

Pronto viene la consulta del aeropuerto, aunque Andrés Manuel ya dio carta blanca que si Slim y otros aportan dinero para la terminal en construcción, adelante, porque el gobierno no está dispuesto a erogar 88 mil millones de pesos.

La sucesión ya no es tan amable y tranquila como se aseguraba. Más bien empieza a preocupar.

 

 

 

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