¡Así no!

Guillermo Tamborrel

Ojalá todos entendamos que la inversión privada es necesaria en la creación de la infraestructura que México requiere.

Expertos en el desarrollo integral de las naciones coinciden en que la creación y operación de obras de infraestructura es una extraordinaria herramienta para el crecimiento y la generación de empleo y hasta un requisito para el desarrollo integral de los países.

Por lo anterior, la creación y operación de obras de infraestructura debe ser una de las prioridades de cualquier gobierno. Tanto para detonar el crecimiento económico y la generación de empleo como para atender y satisfacer una larga lista de necesidades de la población. Nadie puede negar la necesidad de contar, por ejemplo, con una mejor red carretera y una serie de puertos marítimos, aeropuertos, aduanas y recintos fiscales para el óptimo ingreso de materias primas, así como para la exportación de productos ya con un valor agregado nacional (hoy los mexicanos perdemos competitividad por cuestiones de logística; hoy este rubro implica el 8.3% PIB en los EUA mientras que en México es del 22.7%. Pecando de ser sumamente simplista, ello nos señala que los productores mexicanos gastan —porcentualmente— más en mover materias primas y productos terminados que nuestros competidores de los EUA), infraestructura necesaria para hacer florecer la industria del turismo o también con la conveniencia de contar con la generación de energía limpia, confiable y competitiva, y también con una red eficiente y confiable que suministre dicha energía. Asimismo, es importante contar con más obras que proporcionen distintos servicios sumamente necesarios, por ejemplo: en la atención a la salud se requieren más y mejores clínicas y hospitales. Infraestructura cuya construcción conlleva primero inversiones multimillonarias y para las cuales el gobierno no cuenta con los recursos económicos necesarios. No olvidemos que los recursos federales están comprometidos. Sólo se recauda el 17.4% del PIB y dichos recursos tienen que cubrir, por ejemplo, el costo financiero de la deuda del sector público, las pensiones y jubilaciones (son el 3.4% del PIB), salarios de maestros, médicos... Por lo tanto los recursos con los que dispone el gobierno federal para la creación de infraestructura se han visto muy presionados año con año (desde 1982, la inversión pública ha estado, en promedio, abajo del 5% del PIB).

Ante las enormes necesidades de la población y los recursos limitados del Estado mexicano, se diseñó y estableció un esquema de “asociaciones público-privadas” en las que privados invierten en obras de infraestructura que generan sus propios recursos. Ejemplos son las carreteras de cuota o el proyecto del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, proyectos que podemos decir “se pagan solos” mediante el cobro de los servicios que prestan (ejemplo: la renta de espacios al interior del nuevo aeropuerto). El esquema ha sido muy exitoso, al grado de que las inversiones privadas en infraestructura han alcanzado niveles entre el 10 y el 17% del PIB. Es en extremo importante tener presente que en estos últimos años el sector privado prácticamente ha invertido 3 pesos por cada peso que ha invertido el Estado en infraestructura y que todavía necesitamos muchas obras de infraestructura. Es decir, los mexicanos necesitamos que el sector privado invierta en la creación y operación de obras de infraestructura si es que queremos detonar el crecimiento económico, la generación de empleo y mejorar la calidad de vida.

Lo anterior me lleva a expresar que encuentro absurda la posición de López Obrador en cuanto a confrontarse con los empresarios de México señalándolos como los culpables de la crisis nacional y como ladrones. Me preocupa su intención de cancelar el proyecto del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México por el mensaje que envía: el llamado estado de derecho no existe y menos cuando se trata de inversiones a largo plazo en obras de infraestructura. Esto llevaría a cancelar la inversión privada en infraestructura, inversiones que son necesarias para atender las necesidades de la población. Por si lo anterior fuese poco, le restaríamos competitividad al sector productivo del país. Es por lo que me sumo al reclamo y manifiesto:

¡¡¡ASÍ NO!!!

Fuente de los deseos. Ojalá todos entendamos que la inversión privada es necesaria en la creación de la infraestructura que México requiere. Ojalá entendamos que para contar con ella es indispensable el respeto al empresario, así como el de garantizarle certeza jurídica a sus inversiones. Ojalá concienticemos que si no hacemos lo anterior y no respetamos contratos y leyes entonces acabaremos como la Venezuela de hoy.

Comisionado del CECA.

@TAMBORRELmx

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