Las acusaciones contra Ricardo Anaya podrían terminar en una llamarada de petate, aunque primero veremos un abstruso camino jurídico que nos llevará, como “El Proceso”, de Kafka, a la nada, a elementos confusos, a testigos que se desdicen, quizá, incluso, hasta una gran persecución internacional… Aunque al final sea nada.

Alguien, alguien, alguien, ¿quién habrá sido?, en la Fiscalía General de laRepública tuvo a bien la iniciativa de acelerar las acusaciones contra Anaya, quizá por quedar bien y ganar algunos puntitos o quizá por un sentimiento acomedido a la “transformación”, pero el tiro puede terminar por salir muy caro.

Las acusaciones contra Anaya pueden ser igual hechos o igual fantasías con base únicamente en los dichos de Emilio Lozoya, que lo mismo ha señalado a Carlos Salinas de Gortari, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray, José Antonio Meade, José Antonio González Anaya, David Penchyna Grub, Carlos Treviño Medina, Ernesto Cordero, Francisco Domínguez, Salvador Vega Casillas, José Luis Lavalle (el único en prisión) García Cabeza de Vaca o Miguel Barbosa.

De acuerdo a Emilio Lozoya, que nunca ha pisado la cárcel en México gracias al acuerdo sui generis al que llegó con la FGR y del que sus cercanos dicen que ya ni brazalete de seguridad usa, Ricardo Anaya habría recibido, en la primera semana de agosto de 2014, 6 millones 800 mil pesos como “apoyo” a su campaña para gobernador en Querétaro y como soborno para aprobar la reforma energética.

El dinero habría sido enviado a Anaya por órdenes expresas de Luis Videgaray a Emilio Lozoya, quién a su vez ordenó a su jefe de escoltas, Norberto GallardoVargas, entregarlo a Osiris Hernández, secretario particular de Anaya, en el estacionamiento de la Cámara de Diputados.

No hay videos, no hay fichas de depósito, no hay nada más allá de los dichos de Gallardo contra los dichos del particular de Anaya, Osiris Hernández, será la palabra de uno contra la de otro, tomando en cuenta que, como en la inquisición, Lozoya habla lo que su “verdugo” manda.

Anaya podría librar la misma suerte que Jorge Luis Lavalle, acusado de haber recibido los fajos de billetes en maletas de lujo que le habrían llevado Gutiérrez Badillo y Caraveo, tristemente célebres por el video de hace un año pero que, en estricto sentido jurídico, no significa nada.

Creo que Anaya crecería como opositor en la cárcel, esa imagen de niño fresa se le caería a pedazos y, con un buen equipo político y jurídico, se potenciaría su candidatura hacia el 2024, sería un preso político y no un político preso.

Pero si Anaya se va del país, será un prófugo más, un político que huye, tal vez una víctima de la 4T y, por ende, un derrotado frente al régimen.

Cosa curiosa, el berrinche de López Obrador podría estar construyendo, en su afán de destruir, a un cuadro importante con miras al 2024. Definitivamente, el peor enemigo del presidente es el presidente.

DE COLOFÓN

Cercanos de Manuel Barreiro comienzan a limpiar sus cuentas y algunos, incluso, están desesperados por deshacerse de varias propiedades que van más allá de naves industriales. Se saben daños colaterales en la guerra que viene.

@LuisCardenasMX

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