Amor

Araceli Ardón

A lo largo de los siglos, la literatura ha tenido que recurrir a comparar el amor con las estrellas y el universo, porque los escritores han tenido problemas para encontrar algo terrenal que describa su inmensidad y ayude a desentrañar su enigma.

El Taj Mahal, joya de la India, atrae a millones que viajan a un sitio registrado como Patrimonio de la Humanidad y una de las siete maravillas del mundo moderno, título otorgado por New Open World Corporation, que organizó una votación pública con más de 100 millones de votos. Este mausoleo fascinante, construido entre 1632 y 1653 en Agra, es un testimonio de amor.

El emperador musulmán Shah Jahan, de la dinastía mogol, sufrió tanto al perder a su esposa Mumtaz Mahal, que pidió al constructor Ustad Ahmad que levantara un monumento en su honor. Para lograrlo, trabajaron en la obra más de 20 mil obreros. El poeta Rabindranath Tagore lo describió así: “Una lágrima en la mejilla del tiempo”. 

Este espacio atesora la armonía del arte en un majestuoso conjunto arquitectónico, y más aún: motiva al pensamiento y la emoción. El viajero, conmovido por su belleza, no podrá menos que rendir homenaje a la mujer que inspiró el deseo de perpetuar su amor. Cuatro siglos después de la muerte de Mumtaz, ella sigue provocando esta pregunta: ¿cuánto amor se puede sentir en la vida, que trasciende en el tiempo y crea grandiosas obras?

Algo parecido ocurre al leer Romeo y Julieta, el drama de Shakespeare dedicado a los amantes de Verona. El dramaturgo inglés afila su pluma para poner en palabras esta emoción: “El amor es humo hecho de vapor de suspiros; si halla consumación, es fuego chispeante en los ojos enamorados; de lo contrario, trócase en un mar de lágrimas”.

Romeo, lleno de fuerza por el amor recién descubierto, declara a Julieta: “Hay para mí más peligro en tus ojos que en afrontar veinte espadas desnudas. Concédeme tan sólo una dulce mirada, que me baste para desafiar el furor de todos”. 

Esta reflexión sobre el amor me llegó a través de una noticia científica: el 2 de abril de 2018, la página web de la NASA anunció que, a mitad del universo conocido, apareció en el telescopio Hubble una enorme estrella azul llamada Icarus, la más alejada que se ha visto nunca. No se había podido ver antes con los aparatos más poderosos, pero Hubble está probando un lente gravitacional que lo hizo posible. La luz de Icarus tarda en llegar a la Tierra 9 mil millones de años. Cuando la estrella se hizo visible, el universo tenía un 30 por ciento de su edad actual.

Icarus probablemente ya no existe, pero su luz siguió viajando por el espacio hasta llegar a la lente del telescopio más sofisticado que posee la Tierra. Nuestro planeta no existía aún cuando la luz que recibimos salió de la estrella azul.

La luz de una estrella desaparecida ha podido detectarse gracias a la tecnología creada por los humanos, como si fuera un mensaje del universo para hacernos comprender su magnitud.

El amor es el sentimiento expresado por dos amantes italianos que no existieron fuera de la pluma de un poeta de la época isabelina, pero que han cobrado vida en el cine, la pintura, la escultura y por supuesto el teatro. Romeo y Julieta siguen explicando a los enamorados por qué sienten lo que sienten. Son luces brillantes surgidas de una estrella apagada.

A lo largo de los siglos, la literatura ha tenido que recurrir a comparar el amor con las estrellas y  el universo, porque los escritores han tenido problemas para encontrar algo terrenal que describa su inmensidad y ayude a desentrañar su enigma.

Escribió Víctor Hugo en Los Miserables: “La reducción del universo a un solo ser, la dilatación de un solo ser hasta Dios; esto es el amor. (...) El amor es lo único que puede ocupar y llenar la eternidad. El infinito necesita de lo inagotable. (...) Miráis una estrella por dos motivos: porque es luminosa, y porque es impenetrable; pues a vuestro lado tenéis una radiación más suave y un misterio más grande: la mujer”.

Diría Lope de Vega: “Desmayarse, atreverse, estar furioso, / áspero, tierno, liberal, esquivo, / alentado, mortal, difunto, vivo, / leal, traidor, cobarde y animoso; / no hallar fuera del bien centro y reposo, / mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, / enojado, valiente, fugitivo, / satisfecho, ofendido, receloso; // creer que un cielo en un infierno cabe, / dar la vida y el alma a un desengaño; / esto es amor, quien lo probó lo sabe”.

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