Amok

Jean Meyer

La palabra ha pasado a significar un comportamiento insensato y destructor.

Investigador del CIDE. [email protected]

Esa palabra se me grabó de chico, cuando leía cuentos de Kipling en las Indias y novelas de Reginald Campbell. Al grito de ¡amok!, todos huían. Años después leí Amok, de Stefan Zweig. La palabra ha pasado a significar un comportamiento insensato y destructor. Designa lo mismo la crisis de rabia como la persona que se deja llevar por esa pulsión brutal.

¿Amok, Donald Trump? El estadounidense ha corrido a quien lo intentó frenar; queda uno solo y no sabemos hasta cuándo. Zarandea el orden internacional, insulta a dirigentes y ahora califica al presidente de Corea del Norte como “amigo muy honorable que quiere mucho a su pueblo”.

Desde un principio la emprendió contra los aliados occidentales mientras apapachaba a Vladimir Putin. Enseguida empezó a renegar del Acuerdo de París, atacar a México y a denunciar el acuerdo de Obama a favor de los dreamers. Dinamitó el acuerdo nuclear con Irán y agravó la situación en el Medio Oriente al transferir su embajada a Jerusalén. No es necesario mencionar ni el muro ni el TLC: “La Unión Europea nos trata injustamente; Canadá, muy injustamente; México, muy, muy injustamente. Tenemos los peores tratados comerciales”. Y unilateralmente, como siempre, declara la guerra comercial al mundo, levanta barreras aduanales en nombre de America First.

Su nuevo embajador en Berlín apoya abiertamente todas las extremas derechas europeas. Putin ya no tiene que hacerlo: este señor cumple de manera admirable. ¿Quién puede sorprenderse si en la reunión del G7, en Italia, ahora gobernada por la Liga lombarda ultraderechista, apoyó a Trump en su deseo de reintegrar a Rusia al G7?, una Rusia expulsada en 2014 por su anexión de Crimea.

Y confirmado en la reunión canadiense del G7. Ahí Trump se sobrepasó. Desde un principio, se lanzó contra el presidente huésped al espetarle que los canadienses habían quemado la Casa Blanca en 1812-1813. Sorprendente cita histórica por parte de alguien que de historia no sabe nada. Luego se quejó de que son “la alcancía de la cual todos roban” y amenazó con dejar de comerciar con los miembros del G7 si no se doblegaban. Se fue antes de que terminara la sesión y, furioso, tuiteó que no firmaba el documento final.

“En cuestión de segundos puedes destruir la confianza con 280 caracteres”, dijo el canciller alemán. Macron comentó: “La cooperación internacional no puede depender de rabietas y fracesitas”.

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