Amargo adiós

Víctor López Jaramillo

Marcos Aguilar deja la presidencia municipal. Se va derrotado, pero con premio de consolación. Otros políticos se hubieran ido con las manos vacías a la soledad de su hogar, pero Marcos supo caer de pie.

En los planes de Marcos Aguilar, el verano del 2018 se antojaba distinto. Tras su apabullante triunfo y el fastuoso inicio de su administración, imaginaba que este momento sería un peldaño más para seguir escalando en su ascendente carrera política. Y, si bien sigue en la escena política, aunque no como lo había pensado, tendrá los próximos meses un perfil más bajo del deseado, en la espera de una nueva oportunidad para brillar.

La frase que escogió para enmarcar su discurso inicial definió su administración: “Memento Mori“. Recuerda que morirás, significa. Esa locución latina usada durante el desfile del triunfo, que un esclavo repetía mientras sostenía una corona de laureles. “Recuerda que eres mortal”, escuchaba al oído el laureado quien, al menos por ese día, podía sentirse como un dios omnipotente.

Y algo parecido sucedió con Marcos Aguilar y su gobierno municipal. En la gloria de su apabullante triunfo electoral se sintió un dios político. En la cumbre del poder quiso reinventar Querétaro. Quiso mandar un mensaje de que habría un Querétaro antes y después de Marcos. Lo que funcionaba bien, como el sistema de recolección de basura, lo quiso reinventar: lo privatizó. Aunque en su gobierno hayan usado el eufemismo de la concesión.

La privatización del servicio de recolección de residuos sólidos es solo un ejemplo fallido de su gobierno. Algo de lo que el municipio capitalino se enorgullecía era del eficiente servicio de recolección de basura y de sus calles limpias. Tras la concesión, muchas fallas y muchas quejas, muestra de que no necesariamente los servicios privados son mejores que los públicos.

Y aunque emanados del mismo partido, él y el gobernador Francisco Domínguez tuvieron una serie de desencuentros. Parecía que Marcos quería competir con el mandatario estatal, olvidando que aunque comparten gobierno territorialmente, cada uno tiene áreas distintas de ejecución.

Un ejemplo fue las paradas de autobús “tipo Dubái” que anunció Marcos Aguilar después de que Francisco Domínguez comenzó su obra magna de reordenamiento del transporte público en la capital.

Las paradas “tipo Dubai” son una metáfora material del gobierno marquista: tras su tercer informe son apenas un esbozo de obra, un paralelepípedo de cristal y acero en medio de las aceras que ni es obra pública para abordar los autobuses y solo estorba a los peatones. Un monumento al fracaso. Un monumento a su gobierno que quiso ser, pero no pudo.

La seguridad pública es otra área donde tuvo controversias. La renta del helicóptero para salvaguardar a la ciudadanía y el paso del general Eddie Hidalgo por el área son un mal recuerdo para los ciudadanos, que también significó otro encontronazo con el gobierno de Domínguez. Al final, en la materia, Marcos tuvo que doblegarse ante Domínguez. Esto, sin olvidar el inverosímil robo de armas a la corporación policiaca.

Marcos Aguilar deja la presidencia municipal. Se va derrotado, pero con premio de consolación. Otros políticos se hubieran ido con las manos vacías a la soledad de su hogar, pero Marcos supo caer de pie. Como el personaje Varguitas de La ley de Herodes, se va de diputado federal, aunque por una vía que siempre despreció: la plurinominal.

“La política es el arte de saber tragar sapos y fingir”, reza un viejo adagio político mexicano y Aguilar lo tuvo que aplicar. Enemigo de las diputaciones plurinominales, hoy ésa es su tablita de salvación. Un cargo que él mismo había considerado para políticos veteranos en retiro, él la tiene que usar para seguir en el escenario político.

Ya dependerá de él si en efecto es el comienzo de su jubilación o usa el cargo para reinventarse y regresar para el 2021, como era su plan original, aunque en otras circunstancias.

Ahora, en el Centro Cívico más que repetir la frase Memento Mori, se escucha una vieja canción de ska que dice: “Amargo adiós”.

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