“Alianza electoral de facto”

Héctor Parra Rodríguez

El gobernador del estado, Francisco Domínguez Servién, propuso a los gobernadores priístas y panistas formar una “alianza electoral de facto”, entre los integrantes de las coaliciones que llevan de candidatos a José Antonio Meade Kuribreña y Ricardo Anaya Cortés, para conformar una alianza ganadora y vencer así Andrés Manuel López Obrador, quien lleva más de una década en campaña y por tanto es quien encabeza las encuestas. Nada despreciable la propuesta del gobernador de Querétaro. ¿Quién o quiénes tendrían que hacer la propuesta de la “alianza de facto”? Por supuesto que primero tendrían que ponerse de acuerdo los 6 dirigentes de los partidos que integran las 2 coaliciones; una vez consensuado el convenio, proponerlo a los gobernadores.

El gobernador propuso a Ricardo Anaya para que encabece la “alianza de facto”. Es el escoyo más complejo de salvar. ¿Por qué Anaya y no Meade? Aparentemente la respuesta podría ser muy sencilla, debido a que Anaya va en segundo lugar de las preferencias. Sin embargo, parece no ser el mejor de los 2 para encabezar el mejor programa de gobierno, bajo la perspectiva de ser el hombre idóneo y con la experiencia probada para conducir los destinos de un país que rebasa los 120 millones de habitantes; hasta entonces podría hablarse de conjuntar el enorme esfuerzo de unir a la mayoría de los votantes mexicanos y llevar a la Presidencia a quien garantice la estabilidad social que tanto necesita México y consolidar el crecimiento económico, mejorar las condiciones salariales de millones de mexicanos, atraer inversiones locales y extranjeras para generar empleos y riqueza, etcétera. Ricardo Anaya carece de experiencia; nunca ha tenido bajo su responsabilidad mando alguno que dé certeza de sólidos conocimientos. Anaya está en proceso de maduración; Meade se encuentra en estado idóneo de madurez y con experiencia nacional sobre las problemáticas que aquejan a millones de mexicanos. Sí, las responsabilidades laborales que ha tenido garantizan ese conocimiento; Ricardo carece de esa experiencia.

Meade es un candidato ciudadano que bien puede aglutinar a los partidos y gobernadores en una candidatura ganadora. Anaya milita en un partido político y esa pertenencia ideológica desanimaría a los otros “aliancistas de facto” y a millones que están hartos de las pertenencias a partidos políticos. Ricardo Anaya ha calificado de corruptos a sus oponentes, incluso amenazó, como acto propagandístico, con meter a la cárcel al Presidente de la República. En tanto que Meade ha sido conciliador y propositivo, con el “plus” de ser candidato ciudadano. No significa perdonar a aquellos a quienes —en un futuro— se les pudiera comprobar la comisión de hechos delictivos; a ésos habrá que procesar y meter a la cárcel; pero no será el próximo Presidente quien lo haga, no es su facultad constitucional ni legal; lo tendría que hacer la autoridad competente. Principios de derecho positivo. Cierto, Anaya es el mejor de todos los contendientes en el arte de la oratoria y desperdiga la semántica política, pero sin experiencia; contrario a ello, Meade no es un hombre desarrollado en la política, es un hombre de trabajo y experiencia en el arte de la gobernanza administrativa de la nación. Ricardo puede aguantar otra elección, una vez que haya madurado y adquiera suficiente experiencia.

No sería fácil unir las voluntades de las diversas fuerzas políticas que hoy en día disputan la carrera por la Presidencia de la República, no en esta etapa procesal, dado que cualquiera de los dos puede, incluso sin “alianza de facto”, ganar la carrera; cualquiera corre el riesgo de tropezar y disminuir sus bonos; las simpatías del electorado podría cambiar y mover las preferencias sufragiales incluso para el “puntero”, quien ya ha cometido varios errores y con ello, una vez más, su intolerancia y proclividad al populismo. Abrió un frente de confrontación con los empresarios al llamarlos corruptos; otro más, con la clase trabajadora que laborará en la enorme empresa del aeropuerto internacional, ya que ven como una amenaza el cierre de futuras fuentes de empleo que propone López. Hay que esperar ¡Todo puede cambiar y nada está escrito!

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