Tuve la fortuna de vivir mi temprana juventud acompañado de la serie Cosmos, de Carl Sagan, uno de los más grandes divulgadores científicos que ha dado la humanidad; en esta serie, como a lo largo y ancho de su obra, Sagan enfatizaba la importancia de la exploración del espacio, de la existencia de vida inteligente más allá de la frontera conocida por la humanidad en este planeta. Los esfuerzos del Dr. Sagan por privilegiar la ciencia con fines pacíficos versus la ciencia para la carrera armamentista, sin duda que marcaron indudablemente gran parte de su carrera como activista y por supuesto, como científico. 

Aunado a lo anterior, no puedo ocultar la admiración que, desde corta edad, tuve por el trabajo científico, y aunque mi carrera no transitó hacia la investigación, sí he estado estrechamente ligado al ámbito académico, y coincido abiertamente en la utilización del método científico, los datos fidedignos y el pensamiento crítico -tan necesarios hoy en día-, como herramientas para el aprendizaje y el desarrollo de la humanidad.

Hace días, con la reciente llegada del Rover Perseverance al planeta Marte, se relanzaron nuevamente las expectativas para la continuidad de la investigación de vida fuera del planeta tierra, y más aún la continuidad de la vida humana. La base de experimentos que el equipo científico del Programa de Exploración de Marte de la Agencia Espacial Norteamericana incluye entre otros: la identificación, a través de muestras con diversos experimentos en el subsuelo marciano, de evidencia de condiciones de vida en el pasado del planeta, con la intención de identificar la viabilidad de existencia de actividad microbiana antigua.; adicionalmente se llevarán a cabo experimentos que permitan generar conocimiento y construir tecnología para analizar la habitabilidad del planeta con futuras expediciones y tecnología para la generación de oxígeno a partir de la atmósfera del planeta rojo.

La exploración de Marte, lejos de ser parte de antiguas y bien trabajadas historias de ciencia ficción, ha sido anhelo de infinidad de investigadores, ingenieros, escritores, políticos, futurólogos y filósofos, por hacer la lista corta, cuyo trabajo científico, tecnológico e intelectual en lo general ha apuntado desde hace décadas hacia la exploración del espacio.

En esta lógica cabe deslizar, al margen del gran logro obtenido por el Perseverance, la premisa de la exploración del espacio, no únicamente por la necesidad innata en el hombre como especie de buscar lo desconocido, de explorar, sino también reconociendo la cruenta verdad de la necesidad de buscar nuevos horizontes para la preservación de la vida humana, identificando planetas “cercanos” en donde las condiciones nos permitan desarrollar tecnología para la colonización por nuestra especie.

Hoy martes, #DesdeCabina, he querido compartir esta reflexión en exceso sucinta, respecto de este gran paso en la exploración del planeta rojo, un avance aún pequeño, que junto a los esfuerzos que organizaciones privadas están haciendo, pueden dar una mejor idea, sobre qué tan lejos o cerca estamos de poblar otro planeta. Hoy voltear al espacio, es más una necesidad que un gran sueño, es una realidad que avanza como lo hace el reloj de vida de nuestro planeta.

 

Rector de la UNAQ / @Jorge_GVR

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