Aeronáutica Hoy

Gabriel Tort

Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México

El día de hoy, el título de esta nota podría ser el correspondiente al de una opereta cómica, si no fuera por la delicada situación que significa para la economía de México el haber perdido años de precioso tiempo en que debió haberse encontrado, con análisis serios y profesionales, la opción de la nueva puerta de entrada a nuestro país que sustituya al vetusto, maloliente, saturado, inoperante, y limitado Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México o AICM.

Esta opción, urgencia para México, ha sido manoseada por caprichos, dimes y diretes políticos, y situaciones que no abonan al desarrollo del país y que solo han enturbiado más la cuestión. Desde las revanchas y competencias entre estados de la República, las opiniones de los “expertos”, el diálogo con los patos, las presiones de los intereses de personajes que no viven en México pero si opinan sobre lo que debiera hacerse en él, la construcción de una segunda terminal o T2 en el AICM a más del doble del costo inicialmente considerado, el tema es hoy un verdadero galimatías.

Hagamos a un lado, solo por un momento, toda consideración de tipo político, apeguémonos estrictamente al análisis de los aspectos técnico-económicos, y analicemos las limitadas opciones existentes el día de hoy. Veamos pues, el Valle de México, un sitio mágico en donde nuestros antecesores llegaron buscando un águila, animal aéreo por cierto, que es finalmente encontrada en medio de un gran sistema de lagos salados en el altiplano, que después fueron drenados por los conquistadores, resultando un lecho esponjoso que como gelatina tiembla y se hunde.

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que no existe sitio nacional menos amigable para la aviación comercial que el Valle de México, a una elevación considerable, que exige de los aviones aproximaciones con velocidades mayores a las normales, con una cadena de montañas que prácticamente lo rodean en forma de herradura y que, para aproximaciones simultáneas, es decir, dos aviones aproximándose y aterrizando al mismo tiempo en pistas paralelas, que requiere sean practicadas desde distancias mucho mayores a las que aquí son practicables por la orografía, hacen casi marginal la conveniencia del uso de pistas paralelas, además de extensos cuerpos de agua que atraen aves <enemigas de los aviones>, y todo sobre un lecho esponjoso móvil que eleva los costos de construcción.

Si todo lo anterior no es suficiente, ¿Qué tal la distancia que guarda el sitio de Texcoco con respecto al actual AICM, de solo 12 kilómetros? lo que disminuye su potencial crecimiento, y que dada nuestra casi institucional carencia de políticas aeronáuticas hará que en algunos años vuelva a ser “devorado” por el crecimiento urbano, además para empeorar más la situación, una Base Aérea Militar <Santa Lucía> con un gran espacio aéreo restringido en el camino de los despegues, que exigirá maniobras poco cómodas para el pasaje. Si dividimos los millones de dólares que costaría la construcción del nuevo AICM en Texcoco entre el número de años

que será útil y seguro, vemos que existen opciones económica y técnicamente mucho mejores, es solo cuestión de ponernos las pilas y comenzar a trabajar en serio, sin presiones políticas y pensando solo en una cosa: el bienestar y progreso de México.

La opción del AICM en otro estado de la República, legalmente no tiene impedimento, por lo que podríamos considerar Toluca, sin embargo el terreno está a mayor elevación que México, D.F. además alrededor del aeropuerto todo está prácticamente construido, y sería una verdadera odisea, expropiar, liquidar y sacar a miles de familias de los terrenos aledaños para construir una pista paralela que cumpla con las normas internacionales. Hidalgo, Puebla y Morelos, por otro lado, no cuentan con las vialidades de talla mínima necesarias para cumplir el cometido de hacer que los pasajeros internacionales que llegan al país puedan estar en la Ciudad de México en un tiempo razonable.

Nos queda por último el Aeropuerto Intercontinental de Querétaro, para el que los gobiernos federal y estatal acaban de anunciar hace poco que pasará un tren rápido que conectará a la Ciudad de los Palacios: ¡una maravilla!, pero a reserva de parecer aventurado y que los fans de Texcoco, Tizayuca, Puebla o Cuernavaca nos tilden de lunáticos, nos parece que al menos el proyecto debiera estudiarse con detenimiento y profesionalismo, y si se puede, sin presiones políticas de ningún tipo, creo que por allí se puede encontrar la solución al problema de un aeropuerto moderno para la Ciudad de México que sea útil para los próximos cien años.

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